• Batidos de frutas. Son frescos, prácticos y riquísimos. Coge la fruta que esté más pasada de tu despensa, por ejemplo un plátano, una manzana, una naranja y por qué no añadir alguna galleta. Bátelo todo y déjalo enfriar un ratito en la nevera. Cuando lo saques tendrás una merienda completa y voilà, habrás cumplido con tu dosis de fruta diaria.
  • Sopas de verduras. Al igual que un batido de frutas, en una sopa de verduras puedes mezclar las que más te gusten. Nosotros te recomendamos la sopa de calabaza y patata, donde solo tienes que hervirlas en agua caliente y después batirlas para que la crema quede con una textura suave. Si prefieres las zanahorias, puedes sofreírlas junto con un poco de cebolla y luego añadirle caldo de pollo y cilantro. Al momento de servir añade un poquito de crema para darle dulzor. Este es tu plato ideal si tienes poco tiempo para preparar tu almuerzo.
  • Tus postres más allá de las grasas saturadas. ¿Eres un glotón? ¿Qué hay más dulce y saludable que una pieza de fruta? Puedes elaborar postres muy fáciles y dulces sin dañar tu dieta. Coge un plátano, córtalo en pequeños trocitos y báñalo con chocolate desecho al microondas. Para darle el toque final rebózalo con coco rallado. Si prefieres las manzanas puedes cortarlas y freírlas como si fueran patatas fritas, el resultado es que el azúcar de la manzana se desprende y queda un postre apto para golosos, ¡esta vez sin grasas saturadas!
  • Ensaladas llenas de color. Las ensaladas no tienen por qué ser sosas, puedes llenarlas de color añadiendo trozos de melocotón (o la fruta que más te guste). El azúcar de la pieza de fruta combinado con el aceite y la sal que lleva la ensalada produce un cóctel de texturas y sabores muy diferentes, todo un goce para el paladar. De la misma forma también puedes sustituir la lechuga por espinacas, ideales para una dieta depurativa.