La inteligencia va más allá de ser capaz de acumular datos: es la capacidad de todo ser humano para salir de la zona de confort y afrontar situaciones nuevas. La inteligencia se cultiva en los pequeños gestos del día a día y el componente emocional tiene mucho que ver; como apunta la psicóloga Almudena Pardo, psicóloga en Instituto Europeo de Psicología Positiva (IEPP), así seremos “más eficientes, más resolutivas y sobre todo, más felices, que es la actitud realmente inteligente en nuestra vida”. Te enseñamos cómo conseguirlo:

1. Los modelos son positivos, pero hasta cierto punto. Fijarse en alguien que ha alcanzado un objetivo similar al tuyo y tomarlo como modelo es positivo pero no te has de obsesionar con con ello y sentirte constantemente inferior. El camino que traza cada uno es único y en último lugar eres tú quien debe marcar las pautas.

2. Menos “debería” y más “voy a hacer”. Como resultado del punto anterior, puedes acabar convirtiéndote en un robot nada creativo que vive según las pautas de otros y no según las propias, lo que puede matar tu creatividad y por ende tu inteligencia.

3. Evita los extremos. El miedo al fracaso puede hacerte tomar dos posturas: autoboicoteo, y hacerte débil a base de repetirte a ti misma “soy un desastre”, o bien  a creerte que eres la mejor, que has nacido aprendida y que nadie puede cuestionarte. Ambas son barreras para impedirte aprender de tus errores y seguir adelante.

4. Atrévete a tener curiosidad. Una vez que te hayas despojado de tu armadura del “no puedo” o del “soy la mejor” y te hayas atrevido a redescubrir tu entorno, reactivarás tu curiosisas, esa chispa que te ayuda a aprender cosas nuevas.

5. Personas tóxicas: ¡FUERA! El miedo a la soledad te puede hacer caer en una malsana dependencia de personas con las que se establece una relación parasitaria, lo que se haya en las antípodas de una sinergia positiva. Aprende a cortar por lo sano con ellos, ya sean amigos o familiares.