1. ‘Wannabe’, de las Spice Girls, es la canción más pegadiza de la historia (o eso dicen). Éste es el resultado de un estudio del Manchester’s Museum of Science and Industry, basado en pruebas desarrolladas a través de la aplicación web #HookedOnMusic (enganchado a la música) a la que se prestaron 12.000 personas en Reino Unido. El hit de las Spice Girls encabeza un top 20 de grandes éxitos que los oyentes reconocían rapidísimamente en tests de memoria musical de esta web, junto a I Will Always Love Youde Whitney Huston o Eye of the Tiger, de Survivor. 

2. A más volumen, más ingesta de alcohol. A esta conclusión llegó un estudio llevado a cabo por un equipo de la Université Bretagne-Sud en base a la observación de 40 hombres de entre 18 y 25 años en una discoteca. Cuanto mayor era el volumen, más rápido se acababan su copa.

3. Es buena para la circulación. Investigadores del Centro Médico de la Universidad de Maryland descubrieron el positivo efecto de la música en nuestro sistema cardiovascular; concretamente, apreciaron que el diámetro de los vasos sanguíneos aumentaba un 26% escuchando música que gustase a los voluntarios de este estudio. Y en cambio, los vasos se contraían un 6% escuchando con música que les estresaba.

4. Nos ayuda a aprender más rápido un idioma. Según un estudio publicado enCognition, cuando escuchamos una canción, activamos la misma parte del cerebro que empleamos para aprender idiomas.

5. Más allá de Spotify. Existe vida para descubrir nuevas propuestas musicales en la red además de recurrir al gigante de la escucha online – que recientemente ha perdido a una de sus grandes estrellas, Taylor Swift, no sin antes luchar por ella –. Con la aplicación Shazam, apta para todos los sistemas operativos, descubriremos en segundos qué canción está sonando. Deezer, por otro lado, es la plataforma competencia de Spotify que nos permite descubrir propuestas en función de nuestros gustos. 

¿Por qué la música tiene este poder sobre nosotros?

En su obra divulgativa Sonido, música y espiritualidad, Jordi A. Jauset, Doctor en Comunicación, ingeniero y músico, define el sonido como “el resultado de la percepción de una energía que se transmite a través de un medio elástico produciendo variaciones de la presión atmosférica”.

El fenómeno de la música por lo tanto consiste en la organización de diversos sonidos a través del ritmo, la melodía y la armonía, que cada parte de nuestro cerebro capta e interpreta de maneras distintas.

En una conversación con Jauset, el experto nos concreta que estas vibraciones sonoras “viajan en el aire y llevan una energía, que nuestro sistema auditivo capta a través del tímpano y los huesecillos, que transforman el movimiento en impulsos eléctricos”. Esta transformación fundamental sucede en el diminuto órgano de Corti y dichos impulsos pasan por el tronco  encefálico, que nos hace estar alerta, por ejemplo, si oyéramos un disparo. Por otro lado, la parte cortical del cerebro es la encargada de “razonar” lo escuchado y la límbica, de “sentirlo”, y está muy vinculada a nuestro bagaje personal. 

Aunque las características intrínsecas de la música sean el ritmo, la melodía y la armoníay en función de ello cada canción lo pieza musical se pueda asociar a un momento concreto –una con mucho ritmo es ideal para bailar, por ejemplo–, cada persona la interpretará de manera particular dependiendo de su trayectoria vital.