Porque es en el trabajo donde pasamos gran parte de nuestra vida, se hace imprescindible disfrutar o al menos pasar con menos pena, las horas que le dedicamos. Además, si nos convertimos en trabajadores más eficientes, seremos aún más felices y los madrugones costarán menos:

1. Si tienes una tarea que no te apetece nada hacer, escribe en un papel los pasos para llevarla a cabo: primero un boceto, luego añade algún detalle hasta que al final todo el proceso esté totalmente detallado. Al finalizar, es posible que prácticamente la tengas hecha.

2. Cuando llegues al trabajo, ponte a trabajar inmediatamente. Al cerebro le cuesta despertar al principio y es más fácil introducirlo así en la tarea. Requiere menos esfuerzo que ponerse a trabajar después de procastinar unas horas.

3. No comas frente al ordenador, por muchos motivos: necesitas descansar, no eres realmente productivo si estás comiendo y, además, todo suele quedar bastante sucio. Tómate un tiempo -no hace falta que te vayas dos horas, con 20 minutos puede servier- y vuelve a la tarea cuando hayas acabado.

4. Escribe las tareas del día en un papel: lo tendrás frente a ti en todo momento, podrás ir tachándolas a medida que las realices y sabrás lo que te queda por delante. La satisfacción del trabajo bien hecho es la recompensa.

5. Relájate: si necesitas un descanso, abandona tu puesto y da un corto paseo, lejos del mismo. No sirve parar un segundo y consultar Facebook o jugar al solitario, la mente necesita alejarse físicamente para poder descansar el tiempo necesario.


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