1. Que la lleven ellos.
Se puede empezar con algo tan simple como es la mochila: dejar de cargarla cada vez que se recogen a los niños en la escuela. Este gesto les invitará a potenciar su autonomía y sentido de la responsabilidad.

2. Los deberes, suyos.
Hay que dejar de hacerlos con ellos por norma (y, por supuesto, de hacerles los deberes).

3. No eres su asistente.
Hay que ayudarles a organizar su tiempo y sus tareas y, en caso de dudas, indicarles cómo resolverlas, pero no convertirse en su asistente personal en una cuestión en la que ellos son responsables.

4. Evitar el nosotros.
En casa, hay que dejar de preguntarles todo, por sistema, a los hijos y no usar el ("hemos aprobado", "hemos perdido", etc. cuando nos referimos a ellos.

5. Dejarles su espacio.
La "sana desatención". Los padres han de estar alerta, observando lo que les sucede, pero sin intervenir a la primera de cambio. Hay que dejar espacio para que los hijos eduquen su valentía, su tolerancia a la frustración y su autonomía.

6. Valorar el empeño.
No hay que olvidarse de que entrenen su capacidad de esfuerzo. Hoy a los niños se les adula más por su belleza física que por su trabajo, otro error.

La hiperpaternidad se caracteriza por sobreproteger a los hijos, justificarlos pase lo que pase e incluso resolver sus problemas. Descubre qué hacer si eres una hipermadre en el número de marzo de la revista Objetivo Bienestar.