1. Relájate y elimina las tensiones de tu rostro. Cierra los ojos, cúbrete la cara con las manos y respira profundamente. Contrae con fuerza los músculos de la cara, mantén unos segundos mientras aguantas la respiración y aflójalos poco a poco mientras expulsas el aire.

2. Fortalece tu rostro. Cierra las manos formando un puño, únelos en la barbilla y presiona firmemente unos segundos. Ve subiendo poco a poco a lo largo de la mandíbula. Repite el gesto partiendo desde la nariz y siguiendo el hueso del pómulo hasta las orejas.

3. Estimula. Pellizca estratégicamente, utilizando el índice y el pulgar, y con las dos manos a la vez. Comienza desde el centro de la frente hacia fuera; baja a los mofletes, comenzando en la nariz y hasta las sienes, y acaba desde las comisuras de los labios hasta las orejas.

4. Estira. Pon los dedos índice y pulgar haciendo el gesto de una tijera, y coge la barbilla con la punta de los dedos. Sigue el contorno del rostro hasta el final de la mandíbula y repite el proceso con el otro lado. Cuando acabes, sube al pómulo y trabájalo igual, hasta la sien.

5. Contornea. Para rejuvenecer los ojos, toma como punto de partida el entrecejo. Coge el comienzo de la ceja entre el índice y el pulgar y ve pellizcándola a lo largo, hasta alcanzar el nacimiento del cabello. Haz lo mismo con las arrugas y las patas de gallo, alisándolas con pequeños y suaves pellizcos.

6. Sonríe. Es el mejor y más efectivo automasaje que puedes darle a tu rostro, ya que cada vez que lo haces activas más de una decena de músculos de la cara, y sin hacer esfuerzos. ¿Qué mejor manera para terminar tu sesión a medida?

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