1. Regula la presión sanguínea, dilata los bronquios, desintoxica la piel y mejora el ritmo cardíaco. Estos son algunos de los principales beneficios de la sauna, pero desde luego hay muchos más. Dejando a un lado la extendida creencia de que la sauna adelgaza (ayuda a eliminar toxinas y líquidos, pero no grasa), existen otra serie de beneficios de la sauna que merece la pena destacar con el fin de sacarle el máximo partido y evitar los posibles riesgos que conlleva.

Pero, ¿en qué consiste realmente una sauna? Tan sencillo como visualizar un espacio, una habitación de madera donde existe una estufa que actúa como fuente de calor (antiguamente se calentaba con leña, hoy con electricidad). Lo que sucede a continuación es que el calor generado va dilatando los capilares de la piel para mantener la presión sanguínea, que en un principio tiende a disminuir. Desde el primer momento en el que entramos en la sauna, es interesante ir descubriendo todo lo que experimenta nuestro cuerpo y los múltiples beneficios de la sauna en él.

Más beneficios de la sauna:

2. Mejora nuestra circulación: el corazón late más deprisa para trasladar sangre hasta la superficie de nuestra piel, que comienza a calentarse. Esta velocidad en nuestra circulación hace que desechemos antes las toxinas de nuestro cuerpo.

3. Glándulas sudoríparas: nuestro cuerpo entrena, y mejora, la respuesta del sudor para favorecer la regulación termal.

4. Alivio de la artritis: la sauna es terapéutica, y por tanto está indicada, a la hora de reducir la artritis reumatoide.

5. Alivio del dolor en general: lo que sucede con el calor y la activación de la circulación es que se logra un calentamiento de las articulaciones y los músculos, que tienden a relajarse.

6. Mejora los problemas de insomnio: al igual que sucede con los músculos, la sauna ayuda a relajar el cuerpo (en el que además percibimos menos dolor), por eso contribuye a dormir mejor.

7. Mejora la respiración: a pesar de que pasar tiempo en una sauna pueda producir una sensación de ahogo o de calor extremo, la respuesta que esta produce en nuestro organismo es más bien la contraria, ya que la sauna ayuda a un mejor funcionamiento del sistema respiratorio.

Además de las saunas tradicionales también existen aparatos para tener en casa que nos proporcionan los mismos beneficios para determinadas partes del cuerpo, como por ejemplo, una sauna facial.