1. Soy demasiado mayor: Las personas adultas, las mujeres durante la menopausia o incluso en la tercera edad encontrarían muchos beneficios si comenzaran a practica yoga. Y es que hay distintos tipos que se adaptarán perfectamente a cada necesidad. Sin embargo, suelen negarse a conocer esta disciplina porque piensan que es para jóvenes y que no conseguirán seguir correctamente una clase. O que pueden dañarse. Hay que recordarles que el yoga respeta los límites corporales, no fuerza y si se practica con buenos profesionales y escuchando la respuesta del cuerpo, es muy difícil que se produzca una lesión. Y lo más importante: es apto para todos y para todas las edades.

2. No soy lo suficientemente flexible: El objetivo del yoga no es adquirir flexibilidad, aunque se consiga si se practica regularmente. Y en una primera clase de yoga nadie va a pedirte que pongas el pie detrás de la oreja. Lo bueno de este tipo de disciplina es que, como te decíamos, respeta los límites corporales. El trabajo es individual y cada uno realizará las asanas a su ritmo y según su condición física. Con el paso del tiempo se lograrán muchos progresos lo que, sin duda, ayudará a aumentar la satisfacción, el orgullo personal y la autoestima.

3. Tengo una enfermedad que lo contraindica: Existen programas de yoga adaptados a diferentes problemas de salud o enfermedades. De hecho, la Asociación Española contra el Cáncer (AECC) ofrece clases a los pacientes para que puedan beneficiarse del yoga, relajarse así como mejorar su calidad de vida durante y después del tratamiento. Por supuesto, es una sabia actitud consultar con el médico sobre si es prudente o no realizar un tipo de ejercicio. Pero padecer una enfermedad no está contraindicado para practicar esta disciplina.

4. Me gusta comer carne: Muchos se sorprenderán al escuchar esta excusa, pero es más común de lo que parece. Y es que se confunde la práctica del yoga con otras actitudes o principios vitales como ser vegano. Se puede practicar yoga y comer carne. Igual que se puede practicar yoga y ser vegano o vegetariano.

5. No soy una hippie con melenas: Otra excusa muy típica. El marketing ha hecho mucho daño y se asocian conceptos erróneos como la meditación o el yoga con un estilo de vida hippie o progre. Cualquiera puede practicar yoga independientemente de sus ideales, hábitos de vida, físico o estilo.

6. El yoga entra en conflicto con mi religión: Creer que el yoga es una religión es otro mito que ha hecho que muchas personas se pierdan los beneficios de esta práctica milenaria. El yoga no pertenece a ninguna religión. En una clase de yoga no se habla de ningún ideal filosófico o teológico que no sea el intento de transformar la mente y el cuerpo para alcanzar mayor bienestar. Sobre todo: Yoga no es igual a hinduismo.

7. No tengo tiempo: En realidad, esta es la excusa que ponen todos aquellos que no quieren esforzarse para practicar algún ejercicio físico o mejorar su estado mental. Si se tiene tiempo para ver la tele, también se tiene tiempo para hacer yoga.


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