Si algo hemos aprendido en estos meses tan duros es la importancia de poder despedir a un ser querido. La pérdida de alguien cercano es siempre una experiencia difícil de asimilar, y dar el último adiós tiene un gran peso en el proceso de elaboración del duelo. Los ritos funerarios son necesarios para hacer más real la pérdida y dar un primer paso hacia la aceptación del deceso, a la vez que cumplen también con la función social de permitir compartir el dolor y recibir el consuelo de otros allegados.  

Aunque en nuestra cultura, en general, se vive en cierto modo de espaldas a la muerte, intentando ocultar, encubrir en lo posible todo lo relacionado con ella, el planeta es mucho más que Occidente. En el mundo abundan otros ritos de despedida que, lejos de rehuir a la muerte, la afrontan cara a cara y organizan rituales de lo más variopinto para dar el último adiós a los suyos. A nuestros ojos, algunos pueden parecer muy extravagantes, incluso tétricos; pero del mismo modo, para ellos es igual de sorprendente que en Suecia, por ejemplo, en muchas ocasiones ni siquiera se celebre un funeral.

Desde el Tíbet a Ghana, y desde Nueva Orleans a Papúa Nueva Guinea, repasamos algunos de los ritos funerarios más llamativos del mundo:

 

El giro de los huesos de Madagascar

En Madagascar, cuando los malgaches dicen adiós a un ser querido no lo hacen para siempre. Aquí, realizan un ritual conocido como giro de los huesos o Famadihama y consiste en que, siete años después del fallecimiento, los familiares y amigos del difunto se reúnen en la cripta donde yace para desenterrarlo, envolverlo en telas claras y rociarlo con perfumes o alcohol. Acicalado el cadáver, lo pasean mientras cantan y bailan y, tras ofrecerle algunos obsequios, vuelven a dejarlo en la cripta, donde descansará hasta que pasen siete años más, cuando se repetirá la ceremonia. A través de este ritual invocan al fallecido para que les proteja. 

 

Papúa Nueva Guinea: amputar los dedos… de los familiares

Una de las incontables tribus indígenas de Papúa Nueva Guinea, los Danl, tienen una forma muy impactante de dar rienda suelta a su dolor por la muerte de un ser querido: se le entierra con un collar… de dedos. Estos pertenecen a algunos de sus familiares, a quienes se les amputan durante la ceremonia. El sacerdote de la tribu es quien decide qué familiares, de los presentes en el ritual, sufrirán la amputación de parte de sus dedos. Si los escogidos se resisten, el sacerdote puede imponer un sacrificio mayor y obligar a que se les corte más de uno.

 

Nueva Orleans: jazz para combatir el dolor         

En la alegre capital de Luisiana incluso los entierros desbordan vitalidad. Los tradicionales funerales de jazz o funerales musicales empiezan con el traslado del fallecido desde el tanatorio o la iglesia; de camino al cementerio, los familiares portan el féretro precedidos de una banda de músicos. Melodías apagadas o himnos religiosos, y una procesión a marcha lenta, acompañan al cadáver hasta que es enterrado. Después, el ambiente muta totalmente para rendir homenaje al fallecido y la música se hace sonar en tonalidades cada vez más alegres que se acompañan de bailes.

 

Suecia: minimalismo absoluto

Por llamativo que parezca, los habitantes de este país escandinavo optan cada vez más por no realizar ningún tipo de ceremonia. En apenas una década, se ha disparado hasta el 10% la cifra de suecos que, una vez fallecidos, son trasladados de la residencia o el hospital a un crematorio, sin que los familiares realicen ni el más mínimo ritual de despedida. En no pocas ocasiones, incluso sus cenizas son enterradas por parte del personal de servicios funerarios sin la asistencia ni el calor de ningún familiar.

 

Tíbet y Mongolia: los cuerpos a los buitres

Convencidos de que los fallecidos se reencarnarán, los budistas de países como Tíbet o Mongolia dejan que sean los buitres quienes hagan desaparecer los cuerpos. En este ritual, conocido como entierro en el cielo o Sky Burial, participa un sacerdote, que realiza una serie de cortes en los cadáveres para facilitar a las aves el desmembramiento, y se coloca posteriormente el cuerpo en lo alto de una montaña hasta ser devorado. En algunas regiones de Mongolia, se los coloca en ataúdes que se cuelgan en paredes montañosas para que los buitres realicen su labor.

 

Ghana: cuando la muerte es arte

En forma de barco, de pez, de vaca, de botella de refresco o de teléfono móvil. Los ataúdes en Ghana son más que simples cajas de madera donde reposa el fallecido: son auténticas obras de arte que sirven como último homenaje al ser querido, con curiosas temáticas vinculadas a los gustos o a la profesión del fallecido. Esculpidas a mano, estas coloridas obras han despertado el interés de coleccionistas de arte de todo el mundo, y en Francia existe incluso un museo que muestra algunas de las más creativas. Además de los ataúdes, el ritual exige que la familia publicite la muerte con carteles callejeros en los que se anuncia el fallecimiento. Los funerales, muy masivos, cuentan en ocasiones con ‘profesionales’ que cobran por asistir al entierro y que este parezca más concurrido.

 

Indonesia, uno más de la familia

En la región indonesia de Tana Toraja la muerte se vive de forma muy peculiar. Cuando un familiar fallece, se embalsama el cadáver y es ubicado en una habitación de la casa, que ocupará a partir de entonces. Sus allegados fingen que sigue vivo y simplemente está enfermo, así que se encargan de cuidarle, acicalarle periódicamente y proveerle de alimentos. Cuando la familia lo considera, porque han podido reunirse todos o bien porque han logrado reunir las sumas para costearlo, organizan un gran funeral en el que se sacrifican animales para ofrecer a los invitados un opíparo ágape. Finalmente, sepultan a los fallecidos en cuevas para darles, esta vez sí, el último adiós.