No es tarea fácil intentar convencer a cualquier amante del café de que se intente pasar a otra bebida por las mañanas. Y hay situaciones en las que, de hecho, no nos queda más remedio, ya sea por dolencias tan comunes como la hipertensión, cuando nos encontramos en una época de especial estrés, si queremos hacer un détox, reducir la cantidad de estimulantes o incluso por motivos de naturaleza “estético-dentales”.

Para todos los que os encontréis en esta situación, y teniendo en cuenta lo necesario que se nos puede antojar el café en estos días en los que tenemos que recuperar nuestra rutina, quizás os sorprenda saber que la achicoria lleva años entre nosotros. De hecho, su versión infusionada ha estado presente en los desayunos de los españoles desde hace ya tiempo. Y, pese a ser un producto natural, de gran sabor, y con numerosos beneficios para la salud, en estos últimos años parecía haber caído en el olvido.

Pero, ¿qué es exactamente la achicoria? Pues, para aquellos que no lo sepan, se trata de la raíz de la escarola (sí, esa planta de sabor amargo que se usa en las ensaladas). Se trata de una planta procedente de Asia y África y que tradicionalmente se utilizaba como planta medicinal para limpiar el hígado. A partir del siglo XVIII, se empezó a consumir en infusión como sustitutivo del café, y a día de hoy, este se ha convertido en su principal uso. Lo irónico de todo es que durante años la achicoria se ha estado empleando como alternativa al café ya que resulta mucho más barato que este último, por lo que es en épocas de crisis cuando resurge siempre con más fuerza, además de no contener cafeína ni sobreexcitar el sistema nervioso.

 

Del bulbo al grano soluble

Para obtener la achicoria en la forma de fino grano en la que la encontramos en el supermercado, esta raíz se ve sometida a varios procesos de elaboración:

En primer lugar, se lava el bulbo y se trocea en láminas muy finas. Después, se aplica aire caliente para deshidratar los trozos obtenidos. Acto seguido, se somete la achicoria a un proceso de tostado en un horno. Una vez se han enfriado las láminas, se procede a molerlas y de ahí se obtiene un grano fino de color oscuro. En el caso de la achicoria soluble, el molido es mucho más fino y se mezcla posteriormente con agua para obtener un jugo concentrado que después se pulveriza, dando lugar al conocido producto que podemos encontrar en nuestras tiendas.  

 

¿Cuáles son las propiedades del café de achicoria?

A día de hoy, el consumo de achicoria vuelve a estar de moda. Pero, en esta ocasión, lo hace gracias a sus demostrados beneficios, ya que, al no contener cafeína, supone una alternativa ideal para personas hipertensas o que no pueden tomar cafeína por diversos motivos. Además, la raíz de achicoria tiene otra particularidad muy beneficiosa: nos ayuda a equilibrar la flora intestinal y a mejorar nuestras digestiones. Del mismo modo, actúa también como estimulante del tránsito intestinal y fomenta la proliferación de bacterias beneficiosas en el intestino. A esto hay que sumarle:

  • Algunos de sus componentes nos pueden ayudar en la disminución del colesterol LDL malo plasmático, y los triglicéridos.
  • Contiene muchas vitaminas y minerales: hierro, potasio, calcio, magnesio y fósforo, además de betacaroteno y provitamina A.
  • Gracias a la intibina, uno de sus componentes, la achicoria favorece la secreción de jugos gástricos, lo que facilita la digestión de los alimentos. De hecho, es este componente el que le da su particular sabor amargo que tanto nos recuerda al café.
  • Es muy diurético, por lo que ayuda también a depurar los riñones.

¿Qué, te hemos convencido?