Hace décadas que la palabra "estrés" se ha convertido en un elemento más de nuestra cotidianidad. Vivimos rodeados de estímulos, trabajo, eventos, socialización... una hiperactovidad continua que tiene consecuencias en nuestra salud. Sobre todo, si no nos dedicamos tiempo a parar y desconectar. Porque, ¿quién no se ve atravesada o atravesado en algún momento por una situación que le produce tensión? Se trata de una alteración tanto física como psicológica. Pero, ¿sabemos de dónde viene realmente el estrés? ¿Qué lo produce?

Aunque el término se producr tanto en familias como en entornos laborales, la mayoría de gente todavía no comprende lo que es el estrés. Este puede definirse como cualquier cosa que denote la respuesta de tensión del cuerpo. Psicológicamente, el estrés tiene lugar cuando se evoca la ansiedad acerca del futuro o el arrepentimiento del pasado. Entonces saltan las alarmas. Porque las situaciones estresantes pueden ser muy diversas. Desde perder el trabajo hasta dar a luz o incluso ganar la lotería. Y nos preguntamos, ¿un hecho que parece ser positivo puede ser estresante?

La respuesta es que sí. Como explican los autores Deepak Chopra y Rudolph E. Tanzi en su libro 'Sánate a ti mismo', se utiliza el término "estrés" cuando el estresor es un evento feliz -la palabra griega eu significa "bueno" o "bien"- pero de todas formas resulta estresante. 

 

El estrés puede definirse como cualquier cosa que denote la respuesta de tensión del cuerpo.

 

Las tres etapas en las que se manifiesta el estrés

Pero, ¿cómo afrontar el estrés? Resulta difícil hacer frente a tu propio estrés porque el cuerpo-mente es muy bueno adaptándose. Nos hacemos resilientes a la rutina y a lo procedimientos que pueden alterar nuestro estado físico o mental. Una tarea sucede a la otra y no somos capaces de parar, respirar y detectar qué y por qué nos está angustiando. Creemos que es normal tener algo de estrés y hasta nos mal acostumbramos a ese estado de alerta. De hecho, pueden pasar años sin que el daño que provoca el estrés se manifieste. Sin embargo, como indican los expertos, existen tres etapas que se suceden una tras otra y que deberíamos ser capaces de detectar antes de que las consecuencias en nuestra salud sean devastadoras.

La primera etapa y más temprana muestra efectos psicológicos. Este daño neuronal comienza con cosas menores como sentirse mentalmente cansada o cansado y bajo presión por las fechas límite del trabajo. Cuando la gente dice que está estresada, generalmente quiere decir que se ha quedado sin energía, lo que puede enmascarar estados mentales como depresión, ansiedad e incluso pánico. Otros efectos de esta etapa en nuestra salud son: interrupción de los ritmos normales de sueño, lagunas en la memoria, pérdida de concentración, somos más proclives a la ira, la angustia y la irritabilidad.

 

Tener estrés nos afecta de manera personal y también en nuestras relaciones

 

El segundo efecto del estrés se manifiesta de manera conductual. Para empezar, los cambios negativos en el comportamiento se manifiestan en dos áreas principales: el trabajo y las relaciones. Por ello, tener estrés nos afecta de manera personal y también en nuestras relaciones. En el trabajo podemos estar más inquietas o inquietos. Puede que nos llevemos a casa los problemas del trabajo y así va aumentando la cadena de estrés y tensión que se desplaza en todas las esferas personales.

Por último, en la tercera etapa los efectos son físicos. De hecho, cuando el cuerpo no pude adaptarse por completo al estrés, cuando no llega a todo porque como es normal la energía no es interminable, los efectos negativos puede tener lugar sin ser percibidos. Por ejemplo, la mayoría de la gente sufre fatiga física. Dolor de estómago, mala digestión y dolores de cabeza son lo más común. También hay una respuesta inmune disminuida que conduce a sufrir más resfriados y alergias más intensas.

Por suerte, como explican los autores de 'Sánate a ti mismo', lo más importante para abandonar la hiperactividad y reducir los niveles de estrés es tener un estilo de vida sanador. Pero, ¿cómo se consigue? Hace pocos días te hablabamos del poder del breathwork, y hoy te dejamos aquí algunas claves más que pueden ayudarte a reducir el nivel de actividad diaria y la tensión acumulada:

Desconéctate del estresor
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Desconéctate del estresor

Aségurate de tener períodos de descanso y tiempo para estar a solas.

Céntrate y medita
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Céntrate y medita

Practica meditación, la táctica más deseable, o por lo menos encuentra tiempo a lo largo del día para cerrar los ojos en un espacio tranquilo e inspira profundamente varias veces hasta hasta que te sientas relajada y centrada.

Permanece activo o activa
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Permanece activo o activa

Levantarte y moverte a lo largo del día estimula el nervio vago, una de las principales vías del sistema nervioso autónomo. El yoga es todavía más estimulante y es la mejor actividad para pasar de la hiperactividad simpática a una mejor actividad para simpática.

Busca válvulas de escape positivas
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Busca válvulas de escape positivas

La palabra "positiva" implica cualquier cosa que te haga feliz. Darte tiempo para estar feliz es una estrategia de sistema completo. La mejor manera de construir una vida feliz es construyendo días felices.

Encuentra apoyo emocional
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Encuentra apoyo emocional

Aunque cada vez la sociedad tiende a aislarse más, aprovecha las ventajas que puede tener la socialización en tu salud y bienestar. Ponte en contacto con tu familia, tus amigos o tu pareja y disfruta de esos momentos felices con las personas que quieres.

Escápate si es necesario
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Escápate si es necesario

Aunque no todas las personas pueden permitirse una escapada, es cierto que viajar es una alternativa para alejarnos por una temporada de las situaciones y ambientes que nos producen estrés.