Con motivo de la celebración este diciembre en Madrid de la Conferencia Mundial de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático (COP25), la comunidad científica pidió a los gobiernos medidas urgentes que favorezcan la transición a modelos alimentarios ecológicos por su papel clave para hacer frente al cambio climático.

El sistema alimentario actual es el responsable de la mitad de las emisiones de gases efecto invernadero generados si se incluyen todos los eslabones del proceso, desde la producción agrícola y ganadera, transporte y conservación de alimentos, procesado hasta el embalaje de alimentos y todos los desperdicios que se generan.

Si tenemos en cuenta que la alimentación es básica y primordial para la vida de las personas, es evidente que se trata de una cuestión importante y con mucho potencial para frenar el cambio climático. De ahí la necesidad de la agricultura ecológica que trabaja la tierra de forma respetuosa con el medio ambiente, reduciendo las emisiones y enriqueciendo la tierra para aumentar su capacidad para absorber CO2.

Los científicos proponen ampliar prácticas como el uso de fertilizantes orgánicos, la rotación de cultivos, el uso de cubiertas vegetales o la aportación de materia orgánica a la tierra de labor se señalan como prácticas básicas para frenar el avance del cambio climático. Además, el compostaje disminuye globalmente la emisión de los gases de efecto invernadero que se producen en el manejo del estiércol. Tampoco debe olvidarse la capacidad de secuestrar carbono en los suelos, tal y como lo llevan haciendo hace años los agricultores ecológicos con la fertilización orgánica.

 

Reducir el consumo de carne

El Panel Intergubernamental sobre Cambio Climático (IPCC) de la ONU ya propuso reducir el consumo de carne para mitigar la huella ecológica. Ahora, los expertos reclaman una dieta basada principalmente en vegetales y con un menor consumo de productos animales. Este cambio podría reducir significativamente las emisiones de metano y otros gases de efecto invernadero y también liberaría tierras agrícolas para el cultivo de alimentos humanos en lugar de alimentos para el ganado. Además, los científicos piden frenar el desperdicio de alimentos, ya que, según las últimas estimaciones, hasta un tercio de todos los alimentos producidos terminan en la basura.

Con la ganadería ecológica se reduce la carga ganadera y la alimentación de los animales en recursos locales disminuyendo las necesidades de importar productos como la soja o el maíz desde lugar lejanos. Y en el caso de la agricultura ecológica, no se utilizan fertilizantes de síntesis y se necesita gestionar mejor los aportes nitrogenados para evitar la aparición de plagas de difícil control.

En España existen iniciativas exitosas que promueven modelos de alimentación ecológica con emisiones de GEI casi nulas. Estos modelos promueven el consumo mayoritario de alimentos frescos, de temporada y de proximidad, ecológicos, la reducción del consumo de carne, el reciclaje de residuos orgánicos para la obtención de compost y la minimización del desperdicio alimentario, factores clave para hacer frente al cambio climático. 

Si se tiene en cuenta que España es líder europeo en superficie destinada al cultivo ecológico con 2.1 millones y que el consumo ha aumentado mucho en los últimos años, es necesario aprovechar para concienciar a los consumidores y promover un cambio de modelo real.

Agricultores ecológicos

Productores ingleses se proponen reducir emisiones

En el Reino Unido, un grupo de productores ha decidido pasar a la acción y se ha propuesto revertir la situación desde sus propias granjas. En un país en el que la actividad agrícola y ganadera constituye la principal fuente de emisión de óxido nitroso y metano, estos productores se han agrupado y han puesto en marcha una red comprometida con la reducción de emisiones y la mejora de la tierra para aumentar su capacidad para secuestrar CO2.

Los productores han puesto además en marcha una página web para su iniciativa, Farm Carbon Cutting Toolkit, en la que ofrecen información para que otros productores interesados puedan descubrir maneras de reducir las emisiones, la forma de adaptar sus tierras de labor para una mayor absorción de CO2 e incluso conocer, mediante una completa calculadora, las emisiones derivadas de su actividad productiva.

Acabar con el uso de fertilizantes de nitrógeno artificial o reducir las emisiones fruto de la producción ganadera se revelan esenciales para limitar las emisiones de gases de efecto invernadero, mientras que la vía fundamental para mejorar la capacidad de la tierra para absorber CO2 es la restitución de su materia orgánica.