Somos muchos los occidentales que sentimos una verdadera fascinación por Japón y por su cultura. Su amor por el equilibrio, por la simplicidad, por el detalle, por la disciplina o por la virtud, para citar algunos pocos, nos ayuda a poner en cuestión nuestro frenético ritmo de vida y desviar nuestra atención hacia la esencia de todo lo que nos rodea.

Akemi Tanaka habla precisamente de todo esto en su nuevo libro. En “Chowa,”, esta autora descendiente de una familia de samuráis, nos habla de cómo conseguir la armonía y el equilibrio a través de las pequeñas cosas de la vida con el fin de que aprendamos a vivir en el presente y demos un significado pleno a nuestras vidas.

 

El Ikigai, el Hhygge o el Lagom son disciplinas japonesas que ahora están de moda en Occidente y que nos aseguran ser buenas vías para alcanzar el bienestar y la felicidad. ¿En qué se diferencia el Chowa respecto a ellas?

Ikigai en Japón significa ‘nuestro propósito u objetivo en la vida’. El chowa no es un objetivo, sino que enseña cómo alcanzar la armonía y el equilibrio en la vida. Son un poco diferentes, pero, a través de mi libro, se puede encontrar el camino para saber hacia dónde ir y los pasos para conseguirlo.

 

¿El Chowa tiene que ver con equilibrar aquello que siento, con lo que pienso y con lo que hago?

En Japón tenemos el sintoísmo y el budismo, que nos llevan hacia la filosofía de que todo es equilibrio e intercambio. Entonces, sí, el chowa tiene mucho que ver con esto. En los países occidentales esto no es muy habitual, pero en Japón siempre se busca la balanza en todo lo que hacemos. Yo enseño, pero también aprendo de mis estudiantes.

 

Tener un entorno ordenado y limpio tiene que ver con el equilibrio del cuerpo y la mente y siempre es mejor

 

Recomiendas, por ejemplo, saludar a nuestra vivienda cuando entramos o salimos de ella. ¿Cuidar de nuestros objetos y de nuestros espacios es una manera de trabajar la humildad y la gratitud? ¿Por qué es tan importante hacerlo?

Sí, igual que nos despedimos de nuestros familiares por la mañana y de la misma forma que los cuidamos y querremos, tenemos que respetar los objetos que nos rodean y nuestras casas. Son parte de nuestro entorno y de nuestra vida y su presencia o su ausencia nos afecta para bien o para mal, igual que la de las personas que queremos. El equilibrio significa estar agradecido y comportarse como tal con todo lo que nos rodea.

Entrevista a la escritora, coah japonesa y autora del libro “Chowa”

El Chowa también tiene mucho en cuenta el orden y la limpieza externas como reflejo del orden y la calma interior. ¿No puedo ser feliz si vivo en una casa desordenada o no puedo ser eficiente si tengo un entorno de trabajo caótico?

Una pregunta muy interesante. Depende de la gente. A algunos no les importa, pero en Japón sí es importante. Cuando mis estudiantes vuelven a Londres desde Japón, siempre hablan de la buena comida, de la gente amable y de la limpieza. En Japón, después del tsunami había mucha suciedad, por todas partes, y no nos gustaba, porque además traía enfermedades. Ahora está bien y estamos muy felices de verlo limpio. Pero sí, tener un entorno ordenado y limpio tiene que ver con el equilibrio del cuerpo y la mente y es mejor.

 

¿Y qué pasa si nos pasamos de ordenados o de disciplinados? ¿Dónde está la línea entre el chowa y la rigidez o la obsesión hacia la perfección?

¡Bien visto! Nosotros practicamos la ceremonia del té con los mismos rituales de hace 500 años, siguiendo todos los pasos de la ceremonia igual que lo hacían antes. Esto ayuda a ser disciplinado. Cuando los pasos están marcados y te limitas a seguirlos al pie de la letra, no cansa, sino al revés, relaja. Es repetir y dejarse llevar. El chowa lleva hacia el equilibrio, que ya está establecido, solo hay que seguirlo. Ir más allá no es chowa.

 

Los principios de educación y de máximo respeto hacia la vida, hacia las personas y hacia los objetos chocan con las rudas formas occidentales, más enfocadas hacia los objetivos externos y los resultados. Tú eres japonesa, pero vives en Londres. Desde una perspectiva oriental, ¿cuáles son las tres cosas que crees que urge más cambiar en las sociedades occidentales?

Puedo parecer arrogante J  No quiero decir «¡Tenéis que cambiar esto!», pero hablaré a través de mis estudiantes y las diferencias que ven cuando vuelven de Japón. Allí, los estudiantes dejan limpias sus mesas y sus clases, no utilizan el móvil, todos participan para que para a los demás sea más fácil. Se podría empezar por ahí…

Chowa, encuentra el equilibrio con la filosofía japonesa

Uno de los grandes males de Occidente es el miedo. Miedo a no ser suficiente, miedo a no tener suficiente, miedo a perder lo que ya se tiene… ¿Cómo nos puede ayudar el Chowa a gestionar el miedo?

Primero, que nadie y nada es perfecto y tenemos que entender esto y aceptarnos tal y como somos. El chowa nos ayuda también a entender que no necesitamos tantas cosas, que podemos compartir, prestar y devolver, dar otra vida a los objetos, reciclar.

 

Me gusta tocar los árboles y hablar con la naturaleza, porque somos parte de ella y allí volveremos

 

El Chowa toca todas las teclas: desde relaciones personales, a formas de interiorismo, de economía familiar, de alimentación o de ámbito laboral, y nos promete ser una herramienta muy valiosa a la hora de recuperar el equilibrio físico, mental y espiritual. ¿No es ese un objetivo demasiado ambicioso teniendo en cuenta el ritmo de la sociedad actual? ¿O crees que realmente está al alcance de todos?

Cuando vinieron los portugueses y los españoles a Japón para implantar el cristianismo, los japoneses lo vieron como algo peligroso, porque además tenían armas. Así que los shogunes decidieron cerrar el país. Y 215 años más tarde lo abrieron de nuevo y se quedaron sorprendidos con la sociedad occidental. Entonces, los japoneses quisieron alcanzar y aprender de ella. Les entró mucha prisa. Con esto quiero decir que las sociedades están en continuo cambio e intercambio y que podemos aprender juntos. Igual que los japoneses se fijaron en el desarrollo de Occidente, ahora la sociedad occidental con su ritmo frenético pude mirar hacia el equilibrio de Japón.

 

¿Qué papel juega la naturaleza en el Chowa? Si vivimos en la ciudad, ¿cómo podemos acercarnos más a ella en nuestro ajetreado día a día?

Ir al bosque, buscar el espíritu de los árboles, hablar con ellos. Tocar cualquier árbol y hablarle. En Japón yo hago eso. Me gusta tocar los árboles y hablar con la naturaleza, porque somos parte de ella y allí volveremos.

 

La aceptación consciente de los ciclos vida-muerte-vida y del desapego sano que defiendes puede que cuesten de entender en Occidente… ¿Alguna vez te acusan de ser demasiado pesimista? ¿O es esta una de las claves para vivir en armonía interna?

Cuando descubrí las costumbres cristianas, me quedé en shock al ver que se canta y se celebran los nacimientos. En Japón, cuando nace alguien, todo está en silencio. Se escucha y se observa en silencio. Todo es diferente desde el principio. Cuando alguien muere, sigue habiendo silencio. Y aunque nos volvemos tristes y sobrios, esto no debe llevar a la desesperación ni a la angustia. Hay que recordar a todos los que todavía nos acompañan y entender que el nacer y el morir son parte del equilibrio. Todo es un ciclo y debe seguir su curso.