¿Cuánta cantidad de azúcar lleva el desayuno de tu hijo?

El desayuno es una de las comidas más importantes del día. Sin embargo, la publicidad infantil insiste en promocionar productos ultraprocesados de bajo valor nutritivo y alto contenido de azúcar.

¿Cuánta cantidad de azúcar lleva el desayuno de tu hijo?
¿Cuánta cantidad de azúcar lleva el desayuno de tu hijo?
Sara Roqueta

Sara Roqueta

Periodista

¿Te has preguntado alguna vez cuánta cantidad de azúcar lleva el desayuno de tu hijo o de tu hija? ¿Has dudado entre fruta o galletas en medio de la cola del supermercado? ¿Qué compraste finalmente? Aunque cada vez son más las personas que se fijan en las etiquetas, todavía hoy, la publicidad infantil le gana el puso a los padres y las madres que se preocupan por lo natural y lo ecológico. Ya puedes ser todo lo eco que quieras, que eso no impedirá que tu hijo se empape cada día de anuncios publicitarios sobre desayunos super atractivos, pero que realmente y fuera misterios: triplican la cantidad de azúcar de los que se dirigen a los adultos

Así lo desmuestra un estudio reciente, Breakfast Food Advertisements in Mediterranean Countries: Products' Sugar Contento in the Adverts from 2015 tono 2019, elaborado por Mireia Montaña, profesora e investigadora de los Estudios de Ciencias de la Información y de la Comunicación de la UOC.

El informe viene a revelar cómo la mayoría de productos de desayunar publicitados para niños son mucho menos saludables que los que se enfocan para el público adulto. Lo peligroso es que, justamente el desayuno, es una de las comidas más importantes del día, por eso los expertos inciden en la importancia de fomentar un estilo de vida saludable entre los más pequeños.

De hecho, ya hace décadas que los expertos advierten de la epidemia de obesidad infantil que afecta las nuevas generaciones, y el Estado español no es una excepción. Sobre todo, teniendo en cuenta que las cifras de sobrepeso y obesidad infantil en nuestro país pueden llegar a alanzar casi al 45% de toda nuestra infancia. La causa de esta situación es la transición de la dieta mediterránea tradicional al consumo de alimentos procesados con un valor nutricional bajo.

La adherencia a la dieta mediterránea se va perdiendo entre los menores, que cada vez prefieren comer más productos industriales con un contenido alto de azúcar para desayunar

Si nos fijamos en los productos de desayuno infantil más publicitados, la primera comida del día más frecuente entre los niños del Estado español consiste en galletas —representan el 60% de los anuncios relacionados con el desayuno— y productos de chocolate, como por ejemplo crema para untar o cacao en polvo —25% de los anuncios. Pero ojo, porque como ya explicamos, no es lo mismo el cacao natural, fuente de nutrientes para los más pequeños, que un cacao lleno de conservantes y azúcar.

Solo hay que observar los datos publicados en la revista de acceso abierto Children, que ha analizado 355 campañas de 117 productos de desayuno entre 2015 y 2019, para convencernos de que la media de azúcar de los productos de desayunar analizados y publicitados para adultos es de un 10,25%, mientras que esta cifra aumenta hasta llegar al 36,20% de media en el caso de los productos dirigidos a niños.

Cuando la publicidad alimenticia es engañosa

Lo de que las manzanas y las peras son más divertidas que una galleta de chocolate es algo que quizá nos cuesta desterrar en una sociedad que se mide con anuncios publicitarios en los que venden mucho más unos cereales repletos de azúcar que una mandarina. Parece casualidad, peor no lo es. "Cuanto más alejado está el producto de lo que serían los parámetros nutricionales saludables, el discurso publicitario se basa más en el hedonismo o en la felicidad, y tiende cada vez más a la persuasión", explica Mònika Jiménez, profesora de Publicidad y Relaciones Públicas de la Universitat Pompeu Fabra (UPF).

Cuando el discurso esté plagado de buenas vibraciones, felicidad o cosas que este producto nos puede hacer conseguir, entonces duda, porque es la persuasión el método más utilizado cuando lo que se anuncian son productos alimentarios de bajo valor nutritivo. De hecho, mediante estos estímulos se activan ciertas áreas del cerebro que nos llevan a consumir el producto.

«Esta publicidad es especialmente nociva en determinados públicos, como por ejemplo los menores, porque son muy vulnerables a estos estímulos», afirma Jiménez.

El efecto pester power

¿Sabes lo que es el efecto pester power? Para entenderlo, primero que nada, deberías desterrar la idea de que solo los niños comen productos ultraprocesados. En muchas ocasiones, cuando un artículo de estas cualidades entra en casa el resto de la familia también lo consume. Se trata de un proceso que se conoce como pester power y que se define como «la influencia de los niños en los hábitos de compra de sus progenitores», explica Montaña, investigadora del grupo GAME (Aprendizajes, Medios y Entretenimiento) de la UOC.

«Los niños acostumbran a pedir las cosas muchas veces, de tal forma que, al final, los padres acceden y acaban llevando a casa productos alimentarios muy anunciados o que tienen algún componente extrínseco que atrae los niños, pero que son de una calidad nutricional muy baja», afirma.

¿Cómo luchar contra la publicidad?

Para fomentar hábitos alimentarios saludables que prevengan la obesidad infantil, lo primero es restringir la publicidad de determinados alimentos poco saludables. Sobre todo, aquellos dirigidos a niños de edades tempranas, que todavía no tienen un buen desarrollo del pensamiento crítico. 

Resulta curioso fijarnos en un aspecto clave que, muchas veces, se pasa por alto. Y es que, en el Estado español hay un marco normativo que se puso en marcha hace quince años, cuando se desarrolló la Estrategia NAOS (Nutrición, Actividad Física y Prevención de la Obesidad). De esta estrategia derivó el Código PAOS, con el cual se quiere regular la publicidad dirigida a los menores para evitar promover la obesidad infantil.

Entonces, ¿cuál es el problema? El código hace referencia a los productos que se dirigen exclusivamente a niños. Pero claro, un chocolate soluble también se puede dirigir perfectamente a un adulto, con lo cual no incumple el código. "Además, estos anuncios no siempre se emiten únicamente en horario infantil, de forma que hay otra manera de eludir esta regulación», explica Mònika Jiménez.

Además de crear un marco normativo más serio al respecto, también es importante fomentar una buena educación nutricional en general, tanto para padres como para niños. Esa 'salud 360' que implica un estilo de vida saludable basado en la actividad física, el deporte y una alimentación sana y consciente, 100% nutritiva.

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