3 cremas frías para los días más calurosos y 6 beneficios de tomarlas

Son ligeras, refrescantes, hidratantes y están cargadas de nutrientes y antioxidantes. ¡Perfectas para hidratarte y comer verduras crudas en verano!

Sopa fría de yogur, pepino y rábano
Sopa fría de yogur, pepino y rábano
Cristina Román

Periodista

Las sopas o cremas frías son una excelente opción para comer y nutrirnos en verano. Están hechas a partir de alimentos naturales y se convierten en una forma sencilla de incrementar el consumo de verduras durante el día. Además, estas cremas frías son ligeras, refrescantes, nos aportan hidratación y están cargadas de vitaminas y antioxidantes, que nos ofrecerán protección frente a la exposición al sol durante estos meses de calor.

Las sopas y cremas se elaboran desde la antigüedad y son típicas en cada una de las culturas

En climas cálidos o en verano muchos países elaboran sopas frías tradicionales. Por ejemplo, en España las más famosas son el salmorejo, el gazpacho y el ajoblanco. Estas sopas tienden a ser más ligeras que las de invierno y, por lo general, contienen menos calorías y menos alimentos de origen animal. Algunas son puramente vegetales, pero otras también pueden utilizar caldos de carne o pescado.

Beneficios de las cremas frías en verano

Consumir cremas frías en verano proporciona al cuerpo una serie de beneficios saludables relacionados con un incremento de nutrientes que nos cuidarán por dentro y por fuera:

  1. Reducen el apetito y las calorías consumidas. Estudios recientes han demostrado que las sopas, servidas en diferentes formas (como caldos, purés o cremas con trozos de verduras) pueden reducir el apetito y las calorías consumidas durante el día. Esto puede ser porque las sopas y cremas retrasan el vaciado gástrico y aumentan la respuesta glucémica. Además, estudios a largo plazo han encontrado un efecto beneficioso del consumo regular de sopa sobre el peso corporal o los perfiles metabólicos.
  2. A pesar de su forma líquida, son saciantes. En otro estudio[1], se ofreció un primer plato de sopa, verduras y agua y sopa con trozos, con la misma composición y volumen, solo con diferencias en la distribución de nutrientes entre las fases líquida y sólida, y en el tamaño de las partículas sólidas. Las tres opciones redujeron los índices de hambre, pero hubo una supresión del hambre significativamente mayor después de tomar sopa con trozos en comparación con las otras opciones. Así, la sopa redujo la ingesta de energía en el almuerzo, aunque la sopa con trozos tuvo el mayor efecto. En los sujetos con sobrepeso, una ingesta reducida en el almuerzo fue seguida por una ingesta reducida en la cena.
  3. Disminuyen el riesgo de padecer obesidad o sobrepeso. La asociación del consumo de cremas y sopas y el peso corporal se ha estudiado en la población japonesa [2] y también en algunos países europeos[3]. Los resultados de estos estudios informan que el consumo regular de sopa o cremas se asocia con un riesgo reducido de sobrepeso u obesidad.
  4. Menor masa corporal. Los resultados de un análisis indicaron que el consumo de cremas y sopas se asoció con un Índice de Masa Corporal y una circunferencia de la cintura más bajos, así como con un riesgo reducido de sobrepeso u obesidad en los adultos[4]. Estos datos concuerdan con los resultados de estudios previos en países asiáticos y europeos.
  5. Mejoran la calidad de la dieta. Además de un efecto sobre el peso corporal, el consumo de cremas también puede mejorar la calidad de la dieta[5]. Un estudio epidemiológico de adultos franceses descubrió que el consumo de sopa está relacionado con una mayor ingesta dietética de vitaminas, como ácido fólico, betacaroteno y vitamina C[6].
  6. Incrementan el consumo de fibra. El consumo de cremas y sopas vegetales también se asocia con una reducción del consumo total de grasa, así como con un aumento del consumo de proteína, carbohidratos de calidad y fibra dietética. Este consumo de fibra tiene un efecto que nos hace sentir saciados antes[7], mejora los niveles de azúcar en sangre y la salud gastrointestinal.

3 recetas fáciles de cremas frías vegetales

Las tres cremas frías que se proponen a continuación tienen como base alimentos vegetales y con un alto contenido en líquido, para que sea su misma agua la que nos ayude a triturar los ingredientes.

El proceso para las tres cremas frías es el mismo: lavamos con abundante agua todos los ingredientes y pelamos si es necesario. Los cortamos en trozos pequeños o medianos y juntamos todos los ingredientes en una batidora de vaso potente. Trituramos durante 1 o 2 minutos a máxima potencia hasta que todos los ingredientes estén bien integrados.

Cuanto más fríos estén los ingredientes, más frescas serán las cremas

Asimismo, se pueden añadir cubitos de hielo para darle un toque aún más refrescante.

Podemos ir jugando con el vaso de agua e ir añadiendo líquido según veamos que la crema lo necesita. Una vez batido todo hasta conseguir una crema homogénea, podemos tomarlo enseguida o reservarlo en la nevera para que se enfríe antes de servir.

A la hora de servir, estos platos se pueden acompañar de frutos secos, semillas o trozos de alguno de estos ingredientes que habremos separado antes de triturar.

Sobre el autor
Cristina Román

Periodista española especializada en Nutrición en UK. Creadora y editora de I AM BIO

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