¿Y ahora, qué comemos?, una obra que llama a cambiar el futuro de la alimentación

El libro de Christophe Brusset se presenta como una brújula imprescindible para orientarte en el supermercado y llevar una alimentación saludable y más sostenible.

Y ahora qué comemos
Y ahora qué comemos
Sònia Parladé

Sònia Parladé

Periodista

‘Y ahora, ¿qué comemos?’ es una guía imprescindible de supervivencia de Christophe Brusset, exdirectivo de importantes empresas de alimentación, para hacer la compra, un manual con advertencias y consejos sobre cómo evitar la comida basura y lograr comer sano sin arruinarse. Asimismo, el autor se encarga de denunciar con sentido del humor el daño que causa la industria agroalimentaria en la salud público, terminando con un llamamiento para cambiar el futuro de la alimentación.

¡Seamos ambiciosos! Exijamos aquello que todavía nos parece imposible.

El autor lo tiene claro: “cuando por fin prime el interés de los ciudadanos, cuando se apliquen las leyes existentes y se sancione gravemente a estafadores y envenenadores, entonces la agricultura será más respetuosa con el medio ambiente, el comercio será más ético y la industria fabricará productos sanos”.

Y es que nos encontramos en una situación preocupante, lo que podría definirse como una verdadera epidemia en materia de salud pública. Actualmente, más de la mitad de los adultos europeos padecen sobrepeso u obesidad. Además, las enfermedades relacionadas con la alimentación (diabetes tipo 2, enfermedades cardíacas…) causan el 70% de las muertes.

Aumentar la vigilancia como consumidor

En estos tiempos marcados por la globalización resulta difícil orientarse cuando se hace la compra y hacerse una idea exacta de la calidad de un producto alimentario. Las trampas tendidas por las empresas agroalimentarias y las grandes superficies de distribución son cada vez más grandes y también más sutiles. “Como consumidor debes redoblar la vigilancia y ser consciente de que el objetivo de las empresas es venderte su producto”, señala Christophe Brusset.

“Debes tomar las riendas de tu alimentación y adueñarte de ella si quieres conservar tu salud y la de tus hijos, por muy desigual que te parezca la lucha”, insiste el autor. Y es que simplemente con negarse a comprar y consumir los productos más nocivos estaremos contribuyendo a que la oferta de productos evolucione hacia alternativas más sanas y ecológicas.

Y es que el coste real de la comida basura, cuya oferta cada vez es mayor, es el que acabamos pagando todos nosotros.

La gravedad de tragar pesticidas, aditivos y conservantes

La globalización e industrialización han permitido que toda clase de productos de mala calidad invadan el mercado con sus bajos precios.

Estos productos falsificados están a menudo fabricados con todo tipo de pesticidas, aditivos y conservantes dañinos para nuestra salud. “Deberíamos preocuparnos más por la aspersión masiva de productos químicos tóxicos en nuestros alimentos por el peligro demostrado que supone para nuestra salud y la de nuestros hijos”, asegura Brusset.

Actualmente existe una normativa europea, la Regulación número 396/2005 de 1 de septiembre de 2008, que indica que “los comestibles producidos y comercializados en el mercado europeo deben respetar los límites máximos de residuos de pesticidas permitidos”.

Sin embargo y viajando hasta el país vecino, es fácil darse cuenta de que dicha regulación no se cumple: más del 6% de la fruta y la verdura comercializada en Francia no cumple con la normativa y es tóxica, por lo que no debería haber llegado al mercado.

El peligro del aluminio

Y si nos centramos en los materiales tóxicos que invaden nuestra comida, uno de los aditivos más peligrosos y más usados en la industria agroalimentaria es el aluminio. Se utiliza como colorante en repostería, como conservante en los embutidos, como levadura en pasteles, como blanqueante en panes y harinas… Sin embargo, se sabe que el aluminio es tóxico desde que en 1976 aparecieron los primeros trastornos neurológicos graves (trastornos del lenguaje y motores).

Hoy en día, numerosos estudios apuntan que dicho material puede ser causante del aumento de casos de alzhéimer, esclerosis múltiple, enfermedad de Crohn o de colopatías funcionales. No obstante, se sigue permitiendo que la industria agroalimentaria utilice a sus anchas un material tan tóxico, ya que su aplicación genera grandes ganancias.

Pero el aluminio no es el único aditivo tóxico presente en muchos productos alimentarios. Los alimentos procesados contienen un exceso de sal, azúcar y grasas saturadas que acaban causando, a la larga, obesidad, diabetes o enfermedades cardiovasculares.

Por otro lado, la comida industrial es demasiado pobre en fibras, vitaminas, micronutrientes y antioxidantes que protegen y reparan las células del organismo.

La superproducción no es excusa

Sin embargo, producir mucho no es sinónimo de producir mal, por lo que el autor insiste en que una superproducción no es excusa para olvidar la importancia de vender productos sanos.

Los campesinos modernos, aquellos mejor formados y conscientes de su responsabilidad de ofrecer productos beneficiosos para la salud, tienden a gestionar de una manera más rigurosa los procesos y muestran más respeto por los ciclos naturales y las necesidades de las plantas y los animales.

El autor señala que solo existen dos salvaguardias para limitar los excesos de las empresas: la moral (entendida como el sentido de la responsabilidad) y la ley.

¿Por qué la calidad de la comida industrial es tan mala para la salud y el medioambiente cuando es posible producirla mejor sin que se disparen los costes?

El etiquetado

Otro de los problemas viene de la mano de las etiquetas de los productos. La Unión Europea declaró que “las etiquetas de los comestibles deberían ser claras y comprensibles, absolutamente legibles, incluidos la tipografía, el color y el contraste”.

Etiquetado

Sin embargo, a menudo esa información que aparece en los envases resulta incomprensible para el gran público, además de ser engañosa y estar incompleta, a pesar de que la Unión Europea prohíbe “cualquier práctica que pueda inducir a error al consumidor” y “cualquier acción engañosa u omisión de la información”.

¿Cómo podemos saber qué alimentos son realmente ecológicos?

Para saber si un producto es realmente ecológico, debemos tener en cuenta lo siguiente:

  • La agricultura ecológica rechaza los productos químicos de síntesis (herbicidas y pesticidas, pero también fertilizantes, entre otros). Asimismo, prohíbe las semillas de organismos genéticamente modificados, la irradiación para conservar cultivos y el uso de lodos residuales como abonos.
  • Los ganaderos que producen carne o productos animales como leche o huevos deben alimentar a los animales únicamente con productos que cumplan las normas de la agricultura ecológica y procurarles condiciones de vida adaptadas a los comportamientos naturales de los animales.
  • Un producto procesado ecológico debe fabricarse a partir de ingredientes procedentes de la agricultura y la ganadería ecológicas. No se permiten, pues, aditivos de síntesis, colorantes y aromas artificiales o conservantes químicos.

Qué comeremos en 2030

Por mucho que nos alarmemos, la globalización y la estandarización avanzan sin obstáculos. A medida que los países se desarrollan, la manera de comer de sus ciudadanos evoluciona a la par: acaban imitando las costumbres y los gustos de los países industrializados.

Cuando la población de una zona determinada se estanca (como en los países ricos hoy en día), la demanda y los precios acaban estabilizándose, de manera que el porcentaje del presupuesto familiar dedicado a la comida se reduce bastante. En la Europa occidental, la alimentación solo representa el 15% del gasto familiar, mientras que en 1960 suponía un 30%.

Aun así, una parte de la población cuestiona el modelo productivista que imperaba desde principios del siglo XX, tachándolo de dañino y contaminante. Como los consumidores han aprendido a interpretar la información nutricional, reclaman más calidad con garantías sólidas: sellos, denominaciones de origen y otros certificados.

¿En los próximos 10-15 años continuaremos destrozando el medioambiente y envenenándonos al comer cada vez peor? Si debe producirse un cambio radical, claramente será arduo.

Según el autor, todo apunta a que el productivismo agrícola y la comida basura industrial continuarán campando a sus anchas. “Te corresponde a ti, por tanto, convertirte en el artífice del cambio a todos los niveles”, asegura. “Exige que en el comedor de la escuela de tus hijos o tu empresa las comidas se elaboren con ingredientes ecológicos, denuncia los fraudes y comunica a las autoridades si sospechas de alguna irregularidad”.

Si los consumidores nos movilizamos a gran escala, tendremos la posibilidad de mejorar nuestra alimentación y nuestra calidad de vida. “En este sentido, nunca olvides que tu mejor arma sigue siendo tu cartera”, finaliza.

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