Seguro que conoces a más de una mujer con mucho éxito laboral y social, pero con poco éxito amoroso. En tiempos de Tinder y de relaciones virtuales y más líquidas que nunca, la realidad sentimental y heterosexual a la que nos enfrentamos sitúa a muchas mujeres en la insatisfacción y la frustración amorosa y a muchos hombres en la más pura desorientación.

En “El síndrome de las supermujeres: por qué las mujeres de éxito tienen más dificultades amorosas”, el reconocido psicólogo Antoni Bolinches reflexiona sobre la dicotomía en la que se encuentran ambos sexos y en cómo afecta el éxito profesional y social al éxito amoroso: mientras que a ellas les cuesta más encontrar una pareja adecuada, ellos aumentan sus posibilidades de aparearse. ¿Por qué se da ese resultado antagónico? ¿Por qué las mujeres tienen dificultades donde los hombres encuentran facilidades?

El sindrome de las supermujeres

Has escrito “un libro para mujeres que también deberían leer todos los hombres”. Pero tú eres un hombre… Desde una perspectiva feminista, ¿tu género masculino “perjudica” la obra?

Espero que no, aunque evidentemente no puedo disociarme de mi mismo. De hecho, la tesis que defiendo en el libro está sustentada sobre una muestra de 112 mujeres con una excelencia tal que me ha permitido crear el superlativo y tipificar el síndrome. Por tanto, tiene una base empírica fundamentada en la práctica clínica.

 

“Cuando una mujer es a la vez guapa, inteligente y madura, se hace tan irresistible que corre el riesgo de convertirse en inasequible”. ¿Inasequible o indeseable? ¿El éxito profesional de una mujer asusta a los hombres? ¿O son ellas más difíciles de satisfacer?

Curiosamente no se da esa dicotomía. Lo que ocurre es que precisamente por ser muy deseables se hacen inasequibles, porque ellas son más selectivas y los hombres se autolimitan.

 

¿Sucede algo semejante con las relaciones lésbicas? ¿Como psicólogo crees que las mujeres toleramos mejor el éxito profesional de nuestra compañera respecto a cómo lo hacen los hombres?

No tengo una muestra estadística, suficientemente representativa, para pronunciarme al respecto. Pero desde mi experiencia clínica el que no exista diferencia de género disminuye la posibilidad de que surjan agravios comparativos de naturaleza sexista.

 

Nuestra sociedad da muchas facilidades para hacer el amor, pero pocas para enamorarnos

 

En los últimos 50 años, el cambio de rol de la mujer en la sociedad ha transformado (entre muchas cosas), las relaciones heterosexuales, generando un gran número de mujeres decepcionadas con el amor y de hombres desorientados. Si pudieras darnos solo un par de consejos para cada género, ¿cuáles serían?

De eso precisamente trata el libro. Mi propuesta es que solo podemos reconciliarnos si desarrollamos la inteligencia constructiva y establecemos un nuevo paradigma de relación desde la condición común de personas que son capaces de vivir las diferencias de género como algo enriquecedor para ambos sexos.

 

El boom digital que hemos vivido en los últimos años ha popularizado el uso de aplicaciones como Tinder para encontrar pareja o conseguir encuentros sexuales más fácilmente. ¿Crees que éstas son, precisamente, parte del problema y fuente de más frustración y desorientación? ¿O les encuentras virtudes y defectos?

Es cierto que la excesiva facilidad para mantener relaciones sexuales sin compromiso dificulta la consolidación de las relaciones amorosas. Hay una frase de Antonio Gala que refleja de forma ingeniosa y sintética ese problema porque dice que “nuestra sociedad da muchas facilidades para hacer el amor, pero pocas para enamorarnos”.

 

El fenómeno “Peter Pan”, o de hombres que se niegan a madurar, parece ser uno de los grandes males de nuestros tiempos. ¿Dónde está la línea entre la libertad y las ganas de pasarlo bien y la inmadurez que empeora nuestras vidas?

Suelo decir que donde las cosas se funden las cosas se confunden. Ser una persona madura no significa renunciar a la libertad ni a la diversión, sino ser capaz de autorregularse para armonizar el placer suficiente con el deber necesario. Por tanto, se trata justamente de ejercer la libertad hasta un punto que nos permita el disfrute propio sin perjudicar al ajeno. Claro que para conseguir eso debemos alcanzar el suficiente grado de madurez personal.

 

Las mujeres llevan tres generaciones evolucionando gracias a su propio esfuerzo y muchos hombres no acaban de asimilar que las relaciones de género deben ser más simétricas e igualitarias

 

¿También percibes casos de “peterpanismo” entre mujeres?

Para utilizar la terminología de la famosa obra teatral de James Matthew Barrie, que Walt Disney supo convertir en una magistral película, el equivalente femenino de Peter Pan sería el personaje de Campanilla. Cierto que existe ese perfil, pero el porcentaje es inferior al de los hombres porque las mujeres llevan tres generaciones evolucionando gracias a su propio esfuerzo y muchos hombres no acaban de asimilar que las relaciones de género deben ser más simétricas e igualitarias.

 

¿Es recomendable “bajar el listón”, como muchas veces se nos dice? ¿O cómo deberíamos entender el cambio de expectativas?

Cuando bajas el listón lo más probable es que el listón se rebote. Lo mejor para que las supermujeres encuentren hombres adecuados es desarrollar su propia autonomía y convertirse en autosuficientes porque cuanto menos necesitas el amor más lo encuentras.

 

Los hombres necesitan ser admirados y a las “supermujeres” les cuesta encontrar hombres admirables. ¿Estamos en un callejón sin salida? ¿O podemos ser optimistas?

Siendo “realistas” no podemos ser optimistas, pero tampoco pesimistas. Lo que nos conviene es ser conscientes del problema y reconciliarnos los hombres y las mujeres desde nuestra mejor parte, convirtiendo las dificultades del presente en oportunidades de futuro a través del mejoramiento personal.

 

Porque somos semejantes, pero distintos, podemos enriquecernos recíprocamente

 

¿Educar a un niño en el feminismo es una de las mejores inversiones de futuro que podemos hacer? Si es así, ¿cómo entiendes esta educación?

Contestar a esta pregunta da para escribir un libro. De hecho, en tres de mis ensayos hablo de la conciliación de ambos sexos a través de educar en el humanismo. Para que se entienda lo que quiero decir se trata de potenciar la condición común de personas a través de un proceso de maduración personal, que reducirá las diferencias de género y las convertirá en características diferenciales que resultarán enriquecedoras para ambos sexos.  No olvidemos que precisamente porque somos semejantes, pero distintos, podemos enriquecernos recíprocamente.

 

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