Si por algo destaca nuestra contemporaneidad es por las constantes idas y venidas. Algo que nace, pronto se desvanecerá. Y mientras, movidos por el estrés y el frenesí de la vida moderna, nos cuesta advertir todo lo que ocurre a nuestro alrededor que, aunque maravilloso, en ocasiones se pierde antes de que podamos asimilarlo. Los proyectos, recuerdos, palabras e imágenes se suceden con tanta rapidez en nuestro cerebro que ni podemos identificarlos. La mente trabaja a toda velocidad y así, nos resulta imposible controlar lo que sucede cerca de nosotros: un atardecer, una llamada temprana, un gesto sencillo... Entonces, en medio de ese frenesí, ¿cómo alcanzar cierta paz y relajación? 

No, no se trata solo de practicar yoga o cualquier otro tipo de meditación. Es mucho más sencillo, aunque como todo arte, el de la concentración también requiere de cierta técnica. De esto mismo nos habla el escritor Pierre Feuga en su libro 'El arte de la concentración. Una guía para dominar la mente y vivir en armonía'. Visto así suena a manual teórico. Sin embargo, este texto nos abre las puertas no solo al acto de la meditación, centrada durante un momento específico del día y que requiere de disciplina, sino al arte de concentrarse en el día a día. Una guía perfecta para ejercitar y construir el camino hacia una mente sana y en calma.

De hecho, no hay nada que resulte más angustioso para nuestro bienestar que mantener la mente dispersa. Estar trabajando y al mismo tiempo estar pensando en algo que no tiene relación con tu oficio. Diversos bucles que vamos alimentando a lo largo del día y que nos impiden concertarnos en el aquí el ahora. Pero, ¿cómo concentrarnos en la vida cotidiana, más allá del revuelo y las responsabilidades del día a día? En el fondo se trata de no hacer nada en la inconsciencia:

 

Ese dilema psíquico que observamos en tantas personas que hacen una cosa y piensan en otra, que están aquí pero quieren estar allí; es decir, que viven en el hoy pero desean estar en el mañana o volver al ayer.

 

Feuga recomienda prestar atención al tiempo, al lugar, al aquí y el ahora. Y, sobre todo, simplificar la vida. Mantener una escucha, instalarnos de forma clara y tranquila en nosotros mismos, "venir al mundo" con lucidez. De hecho, son muchas las personas que desde primera hora de la mañana llevan a cabo las tareas con mal humor, hastío o a regañadientes. Esto sin duda revela dos aspectos; por un lado que no se están haciendo las cosas de forma atenta y, por otro, una falta de armonía interior, de escucha al fin y al cabo.

Para empezar, una de las prácticas recomendadas es la aceptación. Alejar todo lo que no depende de nuestra voluntad. Si hay aspectos de nuestro día a día que no están saliendo como esperábamos, esto no siempre depende de nosotros sino de factores externos. Escuchar estos factores y alejarlos de nosotros ayudará a disminuir la culpa que en ocasiones cargamos sobre nosotros mismos.

Esta aceptación, nos permitirá saber qué es importante y qué no lo es, otorgándole relevancia a ciertos asuntos. Porque aquí el orden sí que importa. Antes de sentir que una ráfaga de ideas, sueños o recuerdos nos golpean, es importante que "todos los asuntos obligatorios e inevitables se traten según el orden en que surgen en la conciencia". Esto nos permitirá no acumular pensamientos innecesarios y quedarnos con los que de verdad son relevantes.

 

Simplifica tu día a día y aleja todo lo que no depende de nuestra voluntad. 

 

Siguiendo con el tema de la aceptación, es importante detectar ciertos automatismos que cada uno de nosotros generamos a lo largo del día a día. Una costumbre, un ritual, que puede ir desde regar las plantas en un determinado orden hasta cantar un canción mientras fregamos. Pero ¿por qué lo hacemos? Según el autor francés, estos automatismos cotidianos muestran una imagen de nosotros mismos en la que nos reconocemos. De hecho, muchas veces estas costumbres responden a una necesidad de sentirnos seguros.

Entonces, ¿qué hacemos con estos automatismos? La idea es no liberarse de ellos, sino escucharlos, prestarles atención y, sobre todo, tomar conciencia de ellos. Solo hay que pensar en artistas, músicos, artesanos, personas que han creado grandes obras no solo por su destreza manual o visual, sino también por su capacidad para concentrarse. Personas que, como dice Pierre Feuga, se han visto obligadas a aceptar su carácter y el yugo de la disciplina: “El artesano es capaz de alcanzar esta habilidad porque su alma, concentrada, estaba libre de trabas”.

Te mostramos ahora algunas prácticas y aspectos para mantener la concentración en tu día a día. Siempre y cuando, la escucha interna, esté en la base.

 

 

 

Los paseos y el transporte
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Los paseos y el transporte

Caminar es el mejor ejercicio espiritual del mundo. Es una practica de meditación en movimiento, la más sencilla y natural. Para sentirla con toda su amplitud, se trata de concentrarnos en nuestros pasos y el contacto con la tierra sin salir de nuestro centro interior. Mirar, escuchar, tocar y probar sin hacer juicios morales, dejando de lado el sobreestímulo de la gran urbe. Caminar, solo caminar, de un modo similar a la forma en que el zen define la meditación como "sentrase, solo sentarse".

 

La alimentación
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La alimentación

También la alimentación importa en aquellas personas que quieran dedicarse a la concentración. Para ello debemos mantenernos, como en otros aspectos, lúcidos y conscientes. La atención una vez más en lo que hacemos y cómo nos sentimos es primordial. Esto se traduce en la alimentación, ya que debemos aprender a observar los efectos, positivos o negativos, de cada alimento y evitar cualquier régimen sistemático e intelectualizado.

Es importe, además, comer platos que den placer, que despierten fuerzas del alma, que estimulen la imaginación o la afectividad. La frustración y el masoquismo alimentario nunca han conducido a la sabiduría.

El adormecimiento
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El adormecimiento

¿Prestas atención al tiempo que pasas durmiendo? La concentración puede aumentar la calidad de nuestro descanso. Para ello, antes de conciliar el sueño, deberíamos reducir y apaciguar al máximo la respiración. Un método bastante sencillo consiste en vaciar los pulmones haciendo pausas regulares tras cada respiración.

Un ejercicio en el que debemos prestar atención a los pasos: espirar durante dos pulsaciones, esperar dos, espirar durante dos, esperar dos, etc., hasta que, al cabo de un cierto número de veces, los pulmones se vacíen por completo. Hazlo tantas veces como te sea necesario hasta instalarte en el silencio y la noche.

El amor
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El amor

En el amor y cualquier tipo de relación humana, la concentración también importa. Sea cual sea la persona que esté ante nosotros, debemos intentar percibir su verdadero ser, pero esto solo es posible si somos nosotros mismos, si somos auténticos. Escúchate a ti y a tu pareja. Cuando una relación está llena de miedos, amenazas o cálculos, la escucha es difícil o imposible.

Si queremos escuchar, con calidad, siempre hay que hacer algún esfuerzo, incluso en nuestro propio interés, para abandonar nuestra perspectiva y ponernos en el lugar del otro.

La pregunta clave es: ¿cómo voy a encontrar la paz interior si no estoy en paz con los otros? Y, de forma recíproca: ¿cómo voy a alcanzar la armonía con mi entorno si tebgo el alma dividida, si soy mi primer y más cruel enemigo?