Muchas personas se han planteado establecer el ayuno intermitente en la dieta para conseguir perder peso, concentrando las calorías que ingerimos en un determinado periodo de tiempo y tomando agua, infusiones o bebidas bajas en calorías el resto del día. Pero dejando en un segundo plano la alimentación, ¿qué relación tiene con el ejercicio?

El glucógeno y los depósitos de grasa

El organismo necesita energía para realizar cualquier actividad física y la obtiene a partir de las reservas de glucógeno, de las cuales se puede beneficiar durante dos horas. Sin embargo, cuando se acaban estas reservas o traspasado este tiempo, el cuerpo adquiere la energía a partir de los depósitos de grasa y comienza a quemarla. Es entonces cuando podemos empezar a perder peso.

Si incorporamos el ayuno intermitente a nuestro estilo de vida y realizamos ejercicio de forma regular, el perímetro abdominal se reducirá y perderemos peso más rápidamente. Concretamente, es una combinación que incrementa el impacto sobre los factores y catalizadores celulares encargados de la descomposición y transformación de la grasa y del glucógeno en energía.

De este modo, se quema grasa sin reducir la masa muscular. Así se acaba con la preocupación de muchas deportistas que no quieren que el organismo obtenga la energía a partir del músculo, si no que buscan la pérdida de grasa abdominal.

Déficit calórico moderado

La actividad física sirve para quemar calorías, pero si también ingerimos pocas, podríamos perjudicar nuestro estado de salud debido a una falta de nutrientes. Por lo que debemos ir con cuidado y proponernos objetivos sencillos y asequibles. Si nos excedemos con el déficit calórico pondremos en riesgo nuestra salud.

Ejercicios y alimentación

Para conseguir resultados más efectivos deberíamos incluir ejercicios de fuerza en nuestra rutina de entrenamiento y, al mismo tiempo, aumentar la ingesta de proteínas como mínimo al 25% para mantener la masa muscular. Otro factor que puede ser determinante es la hora en que entrenamos. Será mejor si realizamos ejercicio justo antes de la comida más contundente del día. De este modo, activaremos el metabolismo y se quemarán antes las calorías que ingeriremos.