El ser humano es un artista nato. Desde niños explotamos nuestro potencial creativo a través de la pintura, la escritura, el baile, la música y otras muchas actividades que, en ocasiones, dejamos de lado cuando comenzamos a llenar nuestra agenda de “tengo que’s”.

¿Cuánto tiempo dedicas al ocio? ¿Cuándo fue la última vez que realizaste una labor creativa de forma deliberada y fuera del trabajo?

Dedicar parte de nuestro tiempo a las artes puede enriquecer nuestra vida y aportarnos muchos beneficios tanto físicos como mentales.

En este caso, me detendré en la danza.

Decía Hans Bos: “Mientras bailo, no puedo juzgar. No puedo odiar. No puedo separarme de la vida. Sólo puedo estar alegre y entero. Es por ello que bailo”.

Imagina ese momento de la fiesta (ya sea un bautizo, una boda, Noche Vieja…) en que, por fin, comienza a sonar esa canción que todo el mundo conoce. Todos, al unísono, comenzamos a bailar. ¿No es este un momento mágico? Da igual lo mal que te caiga el que está a tu lado. ¡Os cogéis de los hombros y os balanceáis mientras decís “Eh, eh, eh”!

Se ha venido asociando el baile como una forma de cortejo. Sin embargo, las más recientes investigaciones destacan el baile como una forma de expresión mucho más amplia. 

El baile como práctica de Mindfulness

El baile como puente entre la mente y el cuerpo es una forma de practicar la Atención Plena (Mindfulness). Como declaraba Hans Bos, mientras bailas, sólo bailas. Poco a poco vas acallando el ruido mental y alcanzas un nivel de concentración en el que todo fluye. Los psicólogos lo denominan “estado de flow o de flujo”.

Al igual que el yoga, el baile entrena la parte física a la vez que la parte mental.

Mejora el equilibrio y la flexibilidad

Las condiciones físicas se relacionan con las condiciones mentales. El equilibrio físico se relaciona con el equilibrio mental. Y lo mismo ocurre con la flexibilidad…

La danza aporta mayor control sobre el cuerpo y lo fortalece.

Fomenta las emociones positivas

Como escuché una vez decir al reconocido coach Joseph McClendon: “cuando estés triste, mueve el culo”. No se refería a pasar a la acción… Esta frase hay que tomarla textualmente.

Igual que una sonrisa forzada puede llegar a generar emociones positivas si se mantiene, otros movimientos corporales pueden tener el mismo efecto.

En el cerebro se activan circuitos relacionados con el placer, y se liberan hormonas como la serotonina (conocida como la “hormona de la felicidad”) y las endorfinas.

Los estudios han demostrado que las personas que bailan de forma habitual muestran un mejor humor general y una mayor autoestima, llegándose a emplear incluso en terapias contra la depresión, el estrés y la ansiedad.

Coordinación sensorio-motora, viso-espacial e inter-hemisférica

Al bailar, aprendemos a manejar el espacio que nos rodea, las distancias, y a coordinar los movimientos corporales en función del mismo.

Asimismo, se requiere de una fuerte coordinación inter-hemisférica (de los hemisferios derecho e izquierdo) para producir los diferentes movimientos, a la vez que se mantiene la propiocepción (percepción de las sensaciones corporales).

En el día a día, esta coordinación es fundamental, tanto para las actividades que requieran esfuerzo cognitivo, como para la movilidad básica.

Hay estudios que afirman que el baile desarrolla la inteligencia en los niños, es decir, su desarrollo neurocognitivo.

Asimismo, según la Escuela Albert Einstein de Medicina (Nueva York), contribuye a prevenir el deterioro cerebral.

Aumenta la creatividad y la memoria

Por su estructura, el baile es una actividad creativa e individual. Cada persona tiene su propia única forma de bailar. Conforme se avanza, a través de la musicalización, también se van desarrollando movimientos nuevos, lo que contribuye a fomentar la creatividad. De la misma manera, el hemisferio derecho permanece activo.

Por otra parte, la concentración y la atención se ejercitan y, con ellas, la memoria.

Relaciones sociales

La danza es también una forma de conexión con los demás, especialmente cuando se baila en grupos o en pareja. Formar parte de un grupo con este interés compartido puede ser verdaderamente positivo. Además, el vínculo que se crea con los compañeros de baile es muy profundo. Se activan las neuronas espejo, relacionadas con la empatía, y otros mecanismos de conexión con el otro.

No importa que sea hip-hop, flamenco, música clásica o salsa. Tanto da que bailes en una escuela o en tu cocina. El baile puede resultar muy enriquecedor, fácil de disfrutar y saludable. Te animo a practicar la Atención Plena a través de este arte milenario.

Baile como forma de expresion

Úrsula Calvo es presidenta de la Asociación Española de Instructores de Meditación y Mindfulness (AEIMED), y fundadora de Úrsula Calvo Center, donde diseña e imparte programas de Business & Balance y Life & Balance para el éxito y el equilibrio profesional y personal. Es, además, creadora del método Yo Ahora® y meditaciones guiadas para el autoconocimiento, la paz y el equilibrio interior. A través de sus conferencias y colaboraciones en algunos de los medios más prestigiosos, inspira a miles de personas para descubrir su inmenso potencial y vivir una vida más consciente y evolucionada.