El calor, las vacaciones, la falta de obligaciones… El verano viene siempre cargado de situaciones propicias para echar una cabezadita después de comer y cumplir así con uno de los ritos que tanto se ha popularizado más allá de las fronteras de nuestro país, pese a que las cifras han demostrado que la típica “siesta española” tiene más de mito que de realidad: según el Primer estudio sobre salud y descanso realizado por la Fundación de Educación para la Salud del Hospital Clínico San Carlos y la Asociación Española de la Cama, tan sólo el 16,2% de los españoles es fiel a la tradición de hacer la siesta de forma diaria. El 22% afirma hacerlo de vez en cuando y el 3,2% solamente los fines de semana. El resto de los mortales, eso es, el 58,2% restante, afirma no echarse nunca la siesta.

Y pese a todo, como decíamos, el verano no deja de ser el momento apropiado para poner en práctica este hábito que, como ya debéis de saber, tiene un sinfín de beneficios más que demostrados para nuestra salud: desde la regulación de nuestro sistema inmune a un metabolismo más dinámico, una mejora del estado de ánimo o de nuestras habilidades cognitivas, las muchas bondades de la siesta parecen elevarla a la categoría de “panacea” para nuestra salud.

No todas las siestas son igual de beneficiosas

Así es, pese a sus innumerables ventajas, conviene no tomarse todos estos beneficios a rajatabla y sobreestimar el poder de la siesta. En especial, es importante tener en cuenta lo siguiente:

  • No más de media hora.

De hecho, algunos estudios han asociado dormir más de una hora durante el día a ciertos problemas metabólicos, e incluso diabetes. Detrás de esto se esconde una razón más obvia de lo que piensas: demasiando sedentarismo nunca es positivo para el cuerpo.

  • Siesta sí, pero de calidad.

Lo cierto es aún que se desconoce mucho del sueño, de las necesidades que tenemos cada uno y de cuáles son las recomendaciones adecuadas. Pese a que la OMS recomienda dormir entre siete y ocho horas diarias, en el caso de los adultos estas cifras ya han quedado obsoletas. Lo más importante, según han demostrado las últimas investigaciones, más que el tiempo de sueño, es que éste sea de calidad. En este contexto, ¿podemos decir que la siesta entra dentro de la categoría de “sueño de calidad”? Lo cierto es que, en muchas ocasiones, las fases del sueño en una siesta sí que se corresponden a las que tienen lugar durante la noche.

Si tenemos en cuenta estos dos factores, podremos beneficiarnos seguramente de muchas de las ventajas de dormir la siesta, entre las cuales cabe destacar:

  1. Ayudan a mejorar el humor: la siesta eleva los niveles de serotonina, un neurotransmisor encargado de regular el sueño el apetito y el estado de ánimo. Por ello, al aumentar, obtenemos esa sensación de bienestar que se experimenta después de dormir una buena siesta.
  2. Compensan la falta de sueño nocturno: a muchos de nosotros nos cuesta dormir las horas de sueño recomendadas y, especialmente en verano, con el calor y el aumento de horas de sol, en muchas ocasiones obtener un sueño reparador se vuelve más difícil. Para contrarrestarlo, muchos (los que pueden) optan por echarse una siesta, y es que algunos estudios han demostrado que esa media hora de sueño a mitad del día puede revertir el impacto hormonal de una noche de sueño pobre.
  3. Favorecen la creatividad: algunas investigaciones han podido observar que la siesta estimula el hemisferio derecho del cerebro, asociado a la creatividad y la imaginación. Sin embargo, queda mucho camino por indagar para obtener resultados fehacientes en este ámbito.  
  4. Contribuyen a reducir el estrés: el mero hecho de tumbarnos, cerrar los ojos y desconectar de lo que nos rodea, aunque sólo sea durante unos minutos, nos ayuda a relajarnos y liberarnos de parte de la tensión acumulada durante el día.
  5. Ayudan a mejorar la memoria: pese a que la ciencia todavía no ha sido capaz de explicar exactamente la correlación que existe entre el sueño y la capacidad de recordar cosas, algunos estudios recientes han señalado que una siesta de 45 a 60 minutos puede multiplicar hasta 5 veces la capacidad de nuestra memoria, ya parece ser que el sueño contribuye a consolidar los conceptos adquiridos.
  6. Mejoran nuestros reflejos: siempre y cuando evitemos hacer siestas de más de una hora que, seguro que nos dejarán con esa sensación tan incómoda de soñolencia durante el resto del día, lo cierto es que este pequeño descanso nos puede ayudar a sentirnos más despiertos y mejorar nuestro rendimiento durante la tarde.
  7. Reducen la tensión arterial: las investigaciones publicadas por la Fundación Española del Corazón aseguran que una siesta puede reducir el riesgo de padecer enfermedades cardiovasculares, ya que la falta de sueño incrementa los niveles de cortisol, una hormona relacionada con la intolerancia a la glucosa y a la grasa que puede debilitar nuestro sistema muscular e inmunológico.
  8. Aumentan nuestra productividad: de hecho, en muchos países es habitual que los empleados duerman la siesta en la oficina, e incluso algunas grandes empresas, como Google o Apple, han empezado a ofrecer esta posibilidad a sus empleados, ya que han descubierto que esos 5 o 20 minutos de sueño son en realidad una inversión, puesto que de este modo los trabajadores sacan mejor partido del resto de la jornada.
  9. siesta verano 2