Cada vez más personas encuentran en la meditación una manera de aliviar la ansiedad y el estrés y de conectar mejor con sus ideas y pensamientos. Una de las tendencias más en boga durante las últimas semanas es la del tonglen, un término propio del budismo tibetano que se traduce por “dar y tomar”. En vez de buscar el placer, esta práctica milenaria atribuida al gran maestro budista indio Atisha Dipankara Shrijnana (982–1054) se enfrenta directamente al sufrimiento, tanto al propio como al de los demás, y lo hace a través de inspiraciones y exhalaciones que nos conectan con problemáticas compartidas. De esta manera, el tonglen nos invita a inhalar el dolor del otro (para que éste pueda este tener más espacio y descansar) y a exhalar para enviarle toda la calma que pueda necesitar en estos momentos. Un proceso mental que es especialmente relevante en la situación de crisis actual.

 

Sin miedo al sufrimiento propio

Una de las frases más conocidas de esta meditación oriental es la de “para tener compasión por otros, primero tenemos que poder tener compasión por nosotros mismos”. La oímos a menudo en boca de Pema Chödrön, una reconocida monja budista tibetana, de origen norteamericano, que ha publicado libros como Tonglen: El camino de la transformación y que es conocida por su interpretación del budismo para el público occidental.

Para Chödrön, la meditación tonglen ayuda a cambiar la actitud que tenemos hacia el dukkha o sufrimiento: en vez de huir de él, podemos permitirnos sentirlo en primera persona, y eso nos puede ayudar a ser más amables con nosotros mismos y también con los demás. Como explica Ji Hyang Padma, profesora de meditación en Omega Institute y especializada en zen, “al practicar la meditación y al estar compasivamente presentes con nuestro propio dolor, desarrollamos la capacidad de responder a los demás con compasión. Al hacerlo, curamos esa ilusión de aislamiento y separación, que es una fuente primaria de sufrimiento, especialmente ahora durante la pandemia”. Otro punto importante de esta meditación budista es que, aunque nuestro sufrimiento físico o emocional tenga un origen externo, el trabajo a realizar es nuestro: nosotros somos los que debemos afrontarnos al propio dolor, a sus causas y a sus consecuencias. Y abrirnos a él.

 

Las cuatro etapas

La meditación tonglen se conforma de cuatro etapas distintas, que se pueden hacer con los ojos abiertos o cerrados:

  1. La primera, relajar la mente, normalmente con la ayuda del sonido de un gong
  2. La segunda, encontrar una coordinación entre la inhalación (sensación de calor y asfixia) y la exhalación (sensación de frescura y calma)
  3. La tercera, pensar en una situación personal especialmente dolorosa
  4. Hacer que el “tomar” y el “dar” se extienda y abarque a muchas otras personas que están en la misma situación que nosotros. Es decir, para realizarla, primero podemos centrarnos en un dolor propio y, después, en todas las personas que puedan estar sintiendo lo mismo que nosotros. Inhalamos con el deseo de quitar ese miedo y dolor a esa/s persona/s, y, a medida que exhalamos, le/s enviamos fuerza para que puedan liberarse de él. También se puede dar un paso más allá y practicar el tonglen evocando a aquellas personas que nos han herido recientemente o que consideramos nuestros enemigos. De hecho, una de las bases del tonglen es que nunca estamos separados del resto, y es por eso que cuidar a los demás también es cuidarse a uno mismo.

 

Tonglen y pandemia

“Con el distanciamiento físico, existe una mayor sensación de aislamiento individual que genera más ansiedad, estrés y sensación de estar solo. Pero, a través de la práctica de tonglen podemos experimentar una conexión que no depende de estar en la misma habitación. Y esto es curativo”, apunta Ji Hyang Padma, que también es directora del Programa de Religión Comparada del Instituto de Ciencias Humanas de California. “Todos hemos experimentado una sensación de impotencia relacionada con la pandemia. Aquí es donde tenemos poder: cuando otros recursos se agotan, podemos acceder a nuestros recursos espirituales e invertir en capital social, volviendo a tejer la estructura de la comunidad”, continúa la especialista, que actualmente trabaja en maneras de desarrollar mindfulness y serenidad durante tiempos estresantes o inciertos.

Para ella, la meditación tonglen nos empodera y nos permite apoyarnos unos con otros, a la vez que nos permite ser más resilientes en el día a día. Y, para acabar, nos recuerda el reconocido voto del Bodhisattva (alguien embarcado en el camino del Buda): “Mientras el espacio perdure/Y mientras los seres permanezcan/Tanto tiempo puedo yo también permanecer/Para limpiar el sufrimiento del mundo”.