La música es una vibración, un estallido en medio de la tarde. A la música una llega o la música le aborda. El recorrido no importa. Pero la certeza de saber que la música, además de un fin, también puede actuar como medio, hace décadas que toma relevancia en el campo de la salud mental. ¿Quién no ha oído hablar alguna vez de los beneficios de la música en nuestra salud? 

Seguro que todos hemos sentido el empuje físico que nos otorga escuchar una canción mientras el resto calla. En el autobús, la sala de espera... Allá donde la música llega para demostrarnos que su naturaleza no verbal la convierte en un excelente medio de comunicación universal. Tararear una canción en inglés, ruso o con un francés medio estrenado, no es tan importante como dejarse llevar por esos sonidos que penetran en nuestro cuerpo y nuestra mente.

Y es en la mente donde se activan todas las reacciones. Un efecto que hace décadas que estudia y aplica la musicoterapia. De hecho, es en 1950 cuando nace la National Association for Music Therapy (NAMT), la primera en definir esta disciplina como "el uso de la música en la consecución de objetivos: restauración, mantenimiento y acercamiento de la salud física y mental".

Con el tiempo, este término se ha ido modificando, además de las técnicas terapéuticas utilizadas, pero si algo ha prevalecido desde entonces es la evidencia científica de que:

 

La música es capaz de provocar cambios en el comportamiento, mejorar la salud y la calidad de vida de muchas personas. 

 

¿En qué consiste exactamente la musicoterapia?

La terapia musical consiste en el uso de la música y/o de sus elementos musicales (sonido, ritmo, melodía, armonía) por un musicoterapeuta. Esta persona será la encargada de mediar entre el paciente y la música con el objetivo de promover la comunicación, el aprendizaje, la movilización, la expresión u otros objetivos terapéuticos en el paciente.

Así, una persona que acude a sesiones de musicoterapia, con el tiempo, puede lograr cambios y satisfacer necesidades físicas, emocionales, mentales, sociales y cognitivas. Es decir, en la base de la terapia musical existe el cambio, la evolución de la persona que desde el menor hasta el adulto, puede encontrar beneficios a nivel físico, cognitivo y socio-emocional.

 

La musicoterapia es descubrir el potencial que cada uno lleva dentro, sacarlo a relucir y explorar todas las ventajas que una simple melodía o un ritmo puede aportarnos.

 

Además, en muchos trastornos neurológicos, "la terapia musical es una herramienta de gran poder debido a su capacidad única para organizar la función cerebal cuando ha sido dañada", explica el Dr. Oliver Sacks, en el libro 'Musicoterapia. Abordaje en salud mental infanto juvenil', escrito por el musicoterapeuta Miguel Ángel Diví. En él, el autor se adentra en experiencias musicales en menores de edad que han sido diagnosticados de diferentes trastornos.

De hecho, la musicoterapia se puede aplicar desde la rehabilitación neurológica hasta los trastornos de la conducta alimentaria, personas con discapacidad intelectual o niños con trastorno del espectro autista (TEA).

Respecto a la técnicas utilizadas en estas terapias destacan aquellas en las que se imita; se repiten sonidos, se comparten instrumentos, se recuerdan melodías, se fantasea con otras. Como hemos visto, este tipo de terapia es efectiva para tratar ciertos trastornos o mejorar la calidad de vida del paciente, y se puede actuar de dos maneras: de manera activa; tocar instrumentos, cantar, interpretar la música o receptiva; es decir, usar la música para inducir estados de relajación. 

 

Los aspectos que trabaja la musicoterapia

Cuando un musicoterapeuta trabaja en sesión con un paciente, el objetivo es siempre desarrollar diferentes aspectos de la persona como pueden ser:

  • Aspectos sensoriales: trabajando la habilidad de respuesta ante los estímulos sensoriales recibidos.
  • Aspectos motrices: la coordinación, el equilibrio y la movilidad del paciente. 
  • Aspectos cognitivos: memoria, aprendizaje, imaginación o atención.
  • Aspectos socio-emocionales: trabaja la inteligencia y el control de las emociones, así como la expresión emocional o el autoconocimiento de las propias emociones.

 

Ahora que conoces más a fondo la musicoterapia así cómo sus aplicaciones, te mostramos los beneficios que puede tener la musicoterapia en los más jovenes. Con todo lo que esto implica; desde la emoción, hasta lo físico, pasando por el desarrollo de las habilidades sociales.

Nos permite la expesión de sentimientos
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Nos permite la expesión de sentimientos

La terapia musical ayuda a los más pequeños a identificar y expresar los sentimientos. Las melodías, los ritmos, cualquier sonido es ideal para que aprendan la importancia de dejarse levar y exteriorizar sus emociones.

Facilita los cambios de conducta
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Facilita los cambios de conducta

Cuando un paciente se inicia en la musicoterapia, uno de los objetivos a lograr es que consiga tomar consciencia de las propias conductas. Saber por qué hace cada cosa y de qué manera. Además, la música también ayuda, con ciertos patrones, a que los niños se adapten a cualquier cambio en la conducta.

Mantiene la orientación a la realidad
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Mantiene la orientación a la realidad

La música es presencia, es sentir las melodías y, sobre todo, aprender a conectar con el aquí y el ahora. Algo que nos cuesta mucho a la gran mayoría de nosotros, pero que la musicoterapia es capaz de potenciar al ayudarnos a mantener la orientación a la realidad.

Mejora la interacción social
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Mejora la interacción social

Con la terapia musical los niños y niñas aprenderán a relacionarse con los otros, a compartir instrumentos, ideas, sonidos... Una terapia que ayuda a mejorar la interacción social y tomar consciencia de los otros.

Ayuda en la resolución de problemas
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Ayuda en la resolución de problemas

En la música, como en muchas otras artes, la base es probar y probar hasta dar con aquello que suene bien. Sin embargo, por el camino podemos encontramos con complicaciones, ya que todo no siempre cómo esperábamos. Por ello, lo que la musicoterapia refuerza es la resolución de problemas, enseñando que existen maneras muy distintas de hacer las cosas.