Muy a menudo nos preguntamos el motivo de que nos sintamos atraídos hacia personas que nos hacen daño, o la dificultad que experimentamos a la hora de alejarnos de aquellos sujetos que ya sabemos que son dañinos para nosotros. Incluso a menudo nos sorprendemos teniendo pensamientos negativos hacia nosotros mismos que sabemos que nos hacen daño, y aún así, seguimos torturándonos sin sentido. Pero, ¿por qué? ¿Por qué este aparente afán por la autodestrucción?

Esa es precisamente la incógnita de la que parte ¿Por qué la gente a la que quiero me hace daño?, el nuevo libro de Manuel Hernández, psicólogo y biólogo por la Universidad de Málaga (UMA), a través del cual intenta dar respuesta a esta pregunta aplicando sus amplios conocimientos sobre el apego y la neurobiología. Lo hace de una forma sencilla y próxima para que podamos entender el por qué de algunas de las patologías más comunes que sufrimos en la sociedad actual, como la ansiedad, el estrés o la depresión. Entender cómo funciona nuestro cerebro es sin duda clave para poder entendernos a nosotros mismos, pero también a la gente a la que queremos, nos explica Manuel.

El apego hacia personas que nos hacen daño sucede porque en algún momento esa persona me hizo sentir especial”

 

El origen del apego emocional

Las diferentes etapas vitales, como la infancia, la adolescencia y la entrada a la edad adulta, implican bifurcaciones biológicas que van a determinar grandes cambios, y la adaptación a los mismos puede ser a veces patológica. Según explica el autor, todos tenemos, y necesitamos, un fuerte vínculo emocional con nuestros hijos, padres o amigos. “El problema está en por qué estas personas tienen que estar con personas que le hacen daño. Esto sucede porque en algún momento esa persona me hizo sentir especial. A partir de ahí lo único que busco es que me haga volver a sentir eso mismo”.

El hecho de que nos “enganchemos” a determinadas personas aún a sabiendas de que son perjudiciales para nosotros sucede entonces de forma muy parecida a cualquier adicción: “hay dos sistemas vitales en el cuerpo humano. Uno es el del miedo y otro el de la recompensa, me hago adicto a eso, aunque sepa que me está haciendo muchísimo daño. No puedo dejar de hacerlo”. En otras ocasiones puede suceder que las personas no hayan vivido otras realidades, por lo que les cuesta mucho concebir que pueden existir otro tipo de relaciones.

Las personas que tienen dependencia emocional sufren constantemente. Tienen una sensación de constante angustia y miedo”

 

Las señales de alarma de una relación tóxica

Tal y como afirma Manuel, a la hora de identificar si estamos viviendo una relación tóxica, debemos centrarnos en una sola cuestión: ¿estamos sufriendo? “Yo siempre les digo a mis pacientes que en el amor no hay sufrimiento. Si uno sufre es porque no hay amor, hay otra cosa. Tú puedes tener un problema con tu pareja, una discusión con tu madre, pero tú sabes que la quieres, y sabes que eso se va a recuperar, pero las personas que tienen dependencia emocional sufren constantemente. Tienen una sensación de constante angustia y miedo”.

Las buenas noticas son que podemos salir de estas relaciones tóxicas. Tan sólo es cuestión de tiempo y de mucha voluntad de parte del dependiente emocional, a lo que tiene que preceder también un trabajo intensivo de concienciación de parte de su entorno.

El tema es que se puede. Al final es como cualquier droga, es decir, la dependencia emocional no funciona diferente de la adicción a la cocaína o al juego”