Con muy poco contenido calórico, el calabacín se compone principalmente de agua, hidratos de carbono y pequeñas cantidades de proteínas. 100 gramos de esta hortaliza sólo aportan 15kcal, por lo que es idónea para dietas de adelgazamiento y mantenimiento de peso. También tiene muchos oligoelementos, fósforo, potasio, magnesio y calcio, así como vitaminas del grupo C y B.

Por su alto contenido en fibra, su consumo se recomienda para el tratamiento de gastritis y estreñimientos, ya que resulta fácil de digerir y tiene un efecto laxante. La fibra también contribuye a reducir las tasas de colesterol en sangre y refuerza el sistema cardiovascular, mientras que el potasio favorece la eliminación de líquidos. Los folatos del calabacín, por otro lado, producen glóbulos rojos y blancos y ayudan al sistema inmunológico a formar anticuerpos.

Esta hortaliza se puede consumir cocida al vapor o cruda, y es mejor no pelarla porque la mayoría de las vitaminas se encuentran en la piel. Cuánto más dura sea ésta, más aporte de fibra tiene la pieza. Es recomendable no guardar los calabacines más de cinco días en la nevera, y servirlos siempre frescos. La variedad zucchini es la que tiene mayor concentración de vitamina C y antioxidantes.