La contaminación del medio ambiente es uno de los problemas globales más importantes y un debate muy presente en la sociedad actual, sobre todo desde los últimos años con la visibilización de los movimientos contra el cambio climático, como Fridays for Future, que han hecho que se replantee nuestro modo de vida y que los diferentes gobiernos del mundo se hayan visto obligados a tomar medidas para reducir las emisiones contaminantes. Por ejemplo, uno de los compromisos de España en la reciente Cumbre del Clima, es reducir una de cada tres toneladas de CO2 con el fin de que la Unión Europea reduzca las emisiones en un 55% en 2030.

Donde más se han centrado las acciones de la administración ha sido en fomentar el uso del transporte público para disminuir el número de coches en circulación e incluso potenciar el uso de la bicicleta o el patinete para ir al trabajo. Y a pesar de que el transporte sea uno de los ámbitos donde más se puede avanzar en la energía limpia y verde, estos pequeños cambios no son suficientes para revertir una situación de emergencia climática, sobre todo en las grandes ciudades.

 

Teletrabajo: solución clave para el cambio climático

Una de las posibles soluciones para reducir la contaminación puede ser el teletrabajo. Que las empresas permitan a sus empleados trabajar desde su casa no solo es positivo para ellas y para los propios trabajadores, sino que también es una práctica amigable con el medio ambiente.

Así pues, existe una nueva e inesperada arma en la lucha contra el cambio climático: las oficinas de trabajo flexible. Conforme las oficinas de trabajo flexible se ubican cada vez con mayor frecuencia en el extrarradio de las grandes ciudades y distritos financieros, los largos y contaminantes viajes al trabajo se están convirtiendo en una cosa del pasado. Además, los desplazamientos pueden ser incómodos e increíblemente largos y son una enorme fuente de contaminación.

El Estudio Suburban Economic Survey predice los beneficios ambientales en la próxima década como resultado de localizar espacios de trabajo flexibles en pueblos, ciudades y áreas suburbanas de aquí a 2029. El estudio ha analizado el impacto socioeconómico del trabajo flexible en 19 países: Australia, Austria, Bélgica, Brasil, Canadá, China, Francia, Alemania, India, Italia, Japón, Países Bajos, Nueva Zelanda, Filipinas, Sudáfrica, España, Suiza, Reino Unido y Estados Unidos.

Tráfico contaminante

En el caso de España, los ahorros totales de emisiones de las empresas pueden alcanzar hasta 122 toneladas de CO2 por centro al año y más de 1.000 km innecesarios y 7.700 horas dedicadas en traslados laborales. Todo ello se traduce en más de 46.000 toneladas de CO2 ahorrado en diez años, para alcanzar los objetivos climáticos marcados de aquí al 2030.

De hecho, mientras el crecimiento de las oficinas flexibles crece de manera exponencial en las afueras de las ciudades, el estudio revela que en 2029 estos espacios habrán reducido las emisiones de carbón en 2.560.000 toneladas, simplemente trabajando más cerca de casa.

 

Descentralizar ciudades recude las emisiones

Ofrecer a los trabajadores una alternativa útil para trabajar en el extrarradio es más necesario que nunca, de esta forma se permite que las personas trabajen más cerca de sus hogares, los espacios de oficinas flexibles ahorran a los trabajadores tiempo de desplazamiento, unido a la consecuente polución ambiental.

Además, el estudio también revela los beneficios económicos de estos espacios suburbanos, destacando cómo la economía flexible podría contribuir en más de 254.000 millones de dólares a las economías locales en la próxima década.

El informe también revela que aquellos que pasen de un trabajo flexible en casa a un espacio de trabajo conjunto aportan más al medio ambiente porque es más eficiente desde el punto de vista energético calentar e iluminar un espacio compartido que un hogar para un trabajador solitario.