Mientras que el desayuno es la comida más importante del día y debe aportar la cantidad de nutrientes, minerales y vitaminas suficientes para garantizar la energía necesaria para el inicio de la jornada, la cena debe ser bien distinta. Al tratarse de la última comida, los médicos y nutricionistas aconsejan que sea ligera y exenta de aquellos alimentos que provocarán que nuestro sueño sea desagradable.

De entrada, es importante no ingerir cenas copiosas con el fin de facilitar la digestión y evitar la pesadez estomacal. También se recomienda cenar alrededor de dos horas antes de acostarse, ya que de esta manera el organismo tiene tiempo suficiente de comenzar a digerir.

Entre los alimentos que se deben evitar por la noche se encuentran los ingredientes picantes, ya que incrementan la temperatura corporal y dificultan el sueño, así como el chocolate, los dulces y los alimentos grasientos, capaces de activar el organismo.

Por el contrario, algunos alimentos pueden favorecer la conciliación del sueño. Es el caso de los frutos secos, las harinas integrales, el arroz y la pasta (en moderación), el pavo, el pescado, la leche y la fruta. Entre los frutos más efectivos, destacan el maracuyá o fruta de la pasión­ y el plátano. Además, tomar una infusión relajante (sobre todo que no contenga cafeína) es una opción muy recomendable para conciliar el sueño.