Como cada verano, han llegado las temidas olas de calor. Puede que nos despertemos mal dormidos, ya que las altas temperaturas no nos han dejado descansar, que perdamos el apetito, que nos sintamos más cansados o con menos energía o que perdamos el interés o las ganas de practicar deporte. Los efectos son muchos y, a menudo, nos impiden llevar a cabo ciertas rutinas.

Pero la buena noticia es que, a pesar de que no podemos cambiar la temperatura exterior, sí que tenemos a nuestro alcance formas naturales de combatirla: adaptar nuestra alimentación a la estación de verano y conseguir, así, enfriar nuestro cuerpo desde dentro. ¿Por dónde empezamos?

 

5 claves para refrescarte desde dentro

Come de temporada

La naturaleza es sabia y, por eso, de forma natural, nos proporciona en cada momento del año aquellos alimentos ricos en los nutrientes que nuestro cuerpo necesita. Eso significa que, durante el invierno, nuestros campos nos traen verduras con efecto calorífico como las coles, las coliflores, el nabo, el brócoli, etc. En verano, en cambio, llegan todas aquellas verduras y frutas más hidratantes como el tomate, el calabacín, el pepino, el pimiento, la berenjena, la sandía, el melón, el melocotón, etc. Basa tu cesta de la compra en estos productos y elabora platos frescos con todos ellos. En seguida te darás cuenta del efecto que tienen en tu cuerpo: te sentirás más ligera, la digestión será más fácil y reducirás el calor interno.

Bebe e hidrátate

Ésta debería ser la máxima para todo el año, pero, muy especialmente, en verano. Entre el 50 y el 70% de nuestro cuerpo está compuesto por agua, y de ella dependen muchas funciones vitales. Pero el calor nos deshidrata y nos hace sudar más que en cualquier otra época del año, así que, en verano, debemos asegurarnos un extra de hidratación que podemos conseguir a través del agua, de los zumos, las frutas y verduras, las infusiones, las sopas y cremas, etc.

Un buen consejo es acostumbrarte a llevar siempre encima una botella de agua reutilizable que podrás rellenar más fácilmente de lo que crees en cualquier fuente pública.

Come más crudo

El verano es la época del año perfecta para comer crudo. De entrada, la mayoría de verduras de temporada pueden comerse crudas sin problema, un sistema que nos aporta muchos beneficios como, por ejemplo, poder ingerir gran parte de las enzimas de los alimentos que se eliminan cuando los cocinamos a más de 40º.

Los gazpachos de distintos sabores, las sopas y cremas crudiveganas, las ensaladas o las verduras espiralizadas son ejemplos de platos ligeros y frescos que nuestro cuerpo agradecerá. Además, ¡son los más rápidos de preparar porque no requieren cocción!

Utiliza métodos de cocción rápidos

Olvídate del horno y de los guisos y prioriza métodos de cocción rápidos y ligeros como el salteado o el vapor o técnicas como el marinado, el carpaccio o la congelación. Tu cuerpo no necesita más calor que el que ya recibe desde el exterior, así que conviene apostar por preparaciones sencillas y ligeras que no den demasiado trabajo a nuestro sistema digestivo.

Reduce el alcohol y las bebidas azucaradas

Aunque parezca mentira, la tradicional cerveza de media tarde no nos ayuda a calmar el calor y la sed. El alcohol, de hecho, aunque puede parecernos que nos refresca en el momento en que lo ingerimos no hace más que deshidratarnos. Por tanto, a la práctica, no nos quita la sed. Lo mismo sucede con los refrescos tradicionales y las bebidas azucaradas, que acaban provocándonos más sed de la que teníamos antes de tomarlas.

¿Nuestro consejo? Si quieres refrescos sanos de verdad, prueba a hacer tu té o infusión favorita y, una vez infusionada, échale hielo y tómatela fría.

 

Por último, recuerda que a pesar de que las altas temperaturas nos afectan a todos, las personas mayores, los niños o las mujeres embarazadas son algunos de los colectivos que más sufren el calor. Así que también son los que más deberían hacer prevención y protegerse adecuadamente.