Las temperaturas extremas causan estrés en el organismo, cuyo funcionamiento óptimo es entre los 36 y 37,5º C. La Organización Mundial de la Salud (OMS) afirma que la temperatura ambiente óptima para el organismo es entre 18 y 24º C, cuando el cuerpo se mantiene a unos 36°C-37°C.

Si las temperaturas superan los 24ºC podemos hablar de exceso de calor. Al hacer ejercicio la temperatura corporal se eleva debido al aumento del metabolismo hasta alcanzar una temperatura óptima para la contracción muscular, y cuando existe una elevada temperatura ambiental el mecanismo de regulación del cuerpo que es la sudoración aumenta, favoreciendo así la pérdida de agua corporal y por tanto la deshidratación. Entonces, cualquier nivel más elevado provoca que los riesgos para la salud se incrementen.

Si el cuerpo se calienta hasta los 39º C-40º C, el cerebro le dice a los músculos que trabajen menos y comenzamos a sentir fatiga.

Entre los 40º C y los 41º C se produce el agotamiento por calor y, por sobre los 41º C, el cuerpo comienza a dejar de funcionar. Comienzan también a verse afectados los procesos químicos, las células dentro de tu cuerpo se deterioran y hay riesgo de que fallen múltiples órganos.

A esta altura el cuerpo ya ni siquiera puede transpirar porque se detiene el flujo de la sangre hacia la piel, que se siente fría y húmeda. Aunque, estos riesgos están vinculados a la temperatura a la cual está acostumbrado el cuerpo.

 

¿Cómo afecta el calor a nuestros huesos?

La afectación directa del calor sobre el metabolismo de nuestros huesos no tiene una evidencia clara. Existen estudios que evidencian que la radiación directa sobre la superficie de los huesos reduce el metabolismo del calcio a nivel óseo y, por tanto, reducen la regeneración y osificación diaria que sufren nuestros huesos.

Pero a día de hoy no tenemos certeza del efecto que existe en este aspecto.

 

¿Existe alguna diferencia entre el calor húmedo y el calor seco?

  • El calor cuanto más caliente y más húmedo sea, más sudor se produce, y por tanto, incrementa el riesgo de deshidratación.
  • Por otra parte, cuanto más caliente y más seco sea, más agua se evapora a través de nuestra piel, y la pérdida de líquidos es también importante.
  • De esta forma, tanto si es calor húmedo como si es calor seco, con elevadas temperaturas e importantísimo prestar atención a la recuperación de sales minerales y líquidos.
  • En personas que sufren artritis o enfermedades reumatoides, el clima con calor seco es más beneficioso. Por lo general, en estas patologías la humedad produce más brotes  y dolores articulares.

 

¿Cómo afecta el calor a nuestra actividad deportiva?

El calor repercutirá negativamente en el desarrollo de la actividad, especialmente cuando se trata de deportes de larga duración como el ciclismo, el maratón y el tenis, en donde pueden aparecer los primeros síntomas de agotamiento por calor (reacción general a la exposición prolongada al calor).

Para evitar la tan temida fatiga y calambres musculares, es importante:

  • Tener una buena hidratación antes, durante y después del ejercicio
  • Utilizar gorra, ropa transpirable y gafas solares.
  • Aplicar protectores solares en la piel antes de salir a practicar la actividad, y durante si es prolongada.
  • Utilizar suplementación de sales minerales durante y después, si la actividad es prolongada.

 

Dr. Gonzalo Mora, Especialista en Cirugía Ortopédica y Traumatología.

Experto en medicina regenerativa aplicada a lesiones deportivas.

Director de la clínica ITRAMED