Estas últimas semanas, nuestra vida diaria ha cambiado: el estado de alarma obliga a la mayoría de la población a quedarse en casa como medida de salud para evitar una expansión aún mayor del COVID-19. Se trata de una situación excepcional, desconocida hasta la fecha, que nos enfrenta a un día a día distinto que, seguramente, nos marcará de ahora en adelante.

También dentro del hogar, el trabajo tanto físico como mental que desarrollamos, las tareas domésticas, la mayor concentración que implica el teletrabajo o hacer los deberes con los hijos, y la actividad física que podemos desplegar en nuestra casa pueden hacer que un día sea realmente difícil y cansado. Todos podemos pasar por momentos de cansancio, pero lo podemos gestionar y resolver.

 

Durante períodos como el actual, podemos referirnos a una condición de cansancio como la que se manifiesta porque las circunstancias requieren un trabajo físico y mental que supera la capacidad fisiológica del organismo para responder y adaptarse a ese entorno concreto

 

Dormir un poco, relajarse y recuperar las fuerzas para afrontar los quehaceres del día siguiente siempre ha sido una fórmula utilizada en esta situación. Aparte de que el estado de debilidad, tanto físico como mental, también puede acentuarse durante los cambios de estación y momentos de trabajo duro, lo cierto es que durante períodos como el actual, en que circunstancias externas nos afectan tanto, podemos referirnos a una condición de cansancio como la que se manifiesta porque las circunstancias requieren un trabajo físico y mental que supera la capacidad fisiológica del organismo para responder y adaptarse a ese entorno concreto. Esta condición se manifiesta porque ciertas vías metabólicas del cuerpo modifican su condición fisiológica, es decir, la situación normalidad cuando nuestro cuerpo está en equilibrio.

Es importante saber que todo lo que hacemos diariamente está regulado por las vías metabólicas, por donde trascurren las actividades biológicas de nuestras células. Cuando se alteran, puede aparecer una sensación general de agotamiento que afecta a todo el organismo tanto física como mentalmente. Los momentos de estrés y cansancio pueden afectarnos a todos: ya sean niños, adultos o ancianos. Pero, cuando el cansancio es excesivo y los mecanismos de adaptación del organismo ya no son suficientes, ¿cómo podemos recuperar nuestra fuerza vital?

 

¿Cómo podemos recuperar nuestra fuerza vital?

Para hacer frente al problema y reaccionar ante los momentos más exigentes, se puede recurrir a varias estrategias. En primer lugar, es fundamental mejorar el estilo de vida siguiendo una buena alimentación, con una dieta rica en nutrientes, basada en cereales integrales, frutas y verduras, y eliminando los alimentos grasos y las preparaciones más difíciles de digerir y bebiendo abundante agua.

Habitualmente, es aconsejable practicar regularmente una actividad deportiva y adecuada a las condiciones físicas personales; en estos momentos realizar ejercicios en casa también puede ayudar a mantener el tono y el ánimo. Además, es importante propiciar el descanso nocturno y permitirse algunos momentos de desconexión mientras disfrutas de una tisana, una charla por teléfono o videoconferencia con un amigo, o una siesta, aunque sea un ratito. Si no fuera suficiente y el cansancio fuera tan intenso que le impidiera llevar una vida normal, siempre es mejor consultar a un profesional de la salud para obtener un consejo más específico.

No cabe duda de que la debilidad, el estrés y cansancio son muy comunes entre la población y, además, son complejas y no deben subestimarse. A veces, son difíciles de reconocer y pueden deberse a muchas causas, por lo que no siempre pueden tratarse con una única solución.

Cómo podemos recuperar nuestra fuerza vital

Las investigaciones científicas han demostrado que las sustancias naturales son un remedio eficaz

Las investigaciones metabólicas (estudio de la composición de las sustancias) y biomédicas (estudio de la manera en que las sustancias interactúan con nuestro cuerpo) han demostrado cómo las combinaciones de plantas adecuadamente seleccionadas, como el eleuterococo, el ginseng, el ginkgo, la acerola, el arándano, el saúco y la zarzamora o como la jalea real, que contienen complejos moleculares formados por cientos de sustancias como terpenos, xantinas, antocianinas, lípidos y taninos, son capaces de ayudar al cuerpo en los períodos de cansancio general.

Estas sustancias pueden proceder de agricultura biológica, constituyen un verdadero pool natural y su interacción sinérgica puede modular las vías biológicas alteradas, responsables de los síntomas típicos que se padecen durante los períodos de cansancio físico y mental.

La investigación científica de las últimas décadas ha demostrado que la naturaleza y, por consiguiente, las sustancias naturales, pueden ser un recurso para la salud humana y que además poseen otro valor nada desdeñable: no son peligrosas para el medio ambiente. Al ser naturales, forman parte del ciclo de los seres vivos y respetan la primera regla de la naturaleza: la circularidad o la capacidad de las sustancias de volver a entrar en el círculo de la vida.