Vivimos de espalda a la muerte, como si no existiera. Vivimos para vivir, pensando que podremos hablar por teléfono o ver a nuestros mayores una vez más. Como si el tiempo fuese infinito y todavía pudiéramos tener esa conversación pendiente que hemos ido postergando año tras año. 

En el fondo sabemos que estos pensamientos no son ciertos. Sin embargo, la realidad que estamos viviendo con la crisis del coronavirus pone de manifiesto que la muerte sigue siendo un tema tabú. No hablamos de ella porque no sabemos bien qué decir o qué pensar. Sin embargo, más de una vez, irremediablemente, pasaremos en nuestra vida por un proceso de duelo. 

Recordemos brevemente cuáles son las etapas del duelo: 

  1. Fase de negación: se niega la realidad como mecanismo de defensa al duro golpe recibido. 
  2. Fase de ira: nace de la frustración por tomar conciencia de la pérdida y nos empuja en ocasiones a buscar responsabilidades. El enquistamiento requiere ayuda inmediata. 
  3. Fase de negociación: la fantasía conduce esta fase. La ilusión de la recuperación de la pérdida, por lo que su duración es escasa al confrontar duramente con la realidad. 
  4. Fase de depresión: Cuando desaparece la ilusión del cambio y confrontada la realidad, el duelo nos sume en una honda tristeza. Es la fase previa a la aceptación, porque al tocar fondo ya solo podemos renacer. También puede ser una fase peligrosa si es aquí donde se produce el enquistamiento: podría degenerar en una depresión mayor. 
  5. Fase de aceptación: en esta última fase, la persona acepta la pérdida y poco a poco se permite recuperar su vida. El recuerdo siempre estará ahí, pero el tiempo irá cambiando a medida que pase el tiempo. 

Cada una de estas fases tiene su función adaptativa, hecho que nos permite realizar el proceso de forma sanadora.

La crisis sanitaria que estamos viviendo a causa de la pandemia por la Covid19 está obligando a muchas familias a enfrentarse al proceso de pérdida de un ser querido, pero en condiciones diferentes a las habituales: sin poder abrazar, sin poder llorar en el hombro de un amigo o de otro ser querido y, sobre todo, sin poder despedirse. 

Irene Giménez, psicóloga del Instituto Dra. Natalia Ribé, afirma que son muchas las familias que se están enfrentando a la pérdida de un ser querido, pero sin tener la posibilidad de efectuar el ritual de despedida, lo que sumado al hecho de que no hay fase de preparación (la enfermedad ha llegado de forma inesperada), generan un profundo dolor y dificultan avanzar en las etapas necesarias que comentábamos de aceptación del duelo. 
 

Validar el sentimiento de pérdida

El psicólogo Vicente Prieto, autor de la editorial La esfera de los libros, nos recuerda que el impacto de una pérdida inesperada va mucho más allá del impacto emocional. 

Nos queda el malestar intenso de no haber tenido tiempo para despedirnos de la persona que queríamos. La angustia, la irritabilidad por la impotencia y el sentimiento de injusticia son tres reacciones comunes en este tipo de escenarios.

Prieto también desaconseja negar emocional y psicológicamente lo que está ocurriendo. No deberíamos reprimir las emociones y los sentimientos que nos llegan, sino lo que él considera “validar lo que sentimos”: 

Es normal que nos sintamos mal, con reacciones emocionales intensas y cambiantes, irritabilidad, rabia, tristeza, bloqueo, con pensamientos negativos y repetitivos sobre la situación o sobre la persona fallecida.

¿Cómo afrontamos el duelo por la pérdida de un ser querido? Es más, ¿cómo confrontamos el hecho de no poder despedirnos de la persona amada? 

La psicóloga Irene Giménez nos da una clave importante. Considera que en estos casos puede resultar terapéutico realizar una despedida simbólica. Cierto es que dicha despedida cobra más sentido si se realiza socialmente, es decir, si participan varios miembros del entorno del ser querido, pero: 
 

Como reunir a los seres queridos para realizar la despedida simbólica no es posible estos días a causa del confinamiento, una alternativa podría ser escribir una carta en la que podremos plasmar todas aquellas cosas maravillosas de nuestro ser querido, cosas que nunca olvidaremos y que nos encargaremos de recordar siempre.

Esta carta, además, nos permitirá decir adiós, lo que no significa que olvidemos, sino que nos permite avanzar a pesar de nuestro dolor. 

La psicóloga nos recomienda, también, que para que la carta resulte terapéutica sería importante que fuese leída en voz alta o bien en grupo o bien de forma individual. 

Por su parte, el psicólogo Vicente Prieto considera que otras formas de hacer frente al duelo por la pérdida de un ser querido durante el confinamiento serían: 

  • Manteniendo el contacto con familiares y amigos a través de la tecnología.
  • Expresando lo que se piensa y lo que se siente. 
  • Manteniendo hábitos de vida saludables. 
  • Permitiéndose momentos de tranquilidad y descanso.
  • Sintiendo el dolor y la pérdida sin juzgarse. 

 

El gobierno limita el precio de las funerarias en todo el país

Durante los últimos días varios familiares de fallecidos por la pandemia de coronavirus han denunciado en las redes sociales, especialmente Twitter, el incremento del precio de los ataúdes, que supone un importante aumento en el coste total de los entierros.

La polémica está servida: mientras unos consideran que a mayor demanda se necesita un mayor número de trabajadores y, por lo tanto, es lógico que el precio de los funerales aumente, otros insisten en que se trata de un abuso y de que se incrementan los precios aprovechando que crece también el número de defunciones.

La semana pasada un ciudadano de Manresa denunció que les “obligaban a pagar 4.000€ por la muerte de su abuelo, sin tanatorio ni velatorio porque al tener Covid19 [la funeraria] les obliga a pagar un ataúd de 1.600€. Un ataúd especial envasado al vacío porque había muerto por coronavirus”.

Por su parte, la empresa funeraria a la que hace referencia la denuncia, Memora, niega esta acusación por una presunta estafa funeraria por los precios de los ataúdes, según publica Europa Press.

La funeraria, además, niega que exista un ataúd especial para los afectados por coronavirus, “como así afirma el denunciante (nieto del fallecido)”, por lo que rechaza que se le ofertara ese producto. La empresa también ha negado que al día siguiente de esa oferta se le planteara un descuento a la contratante, ya que un documento refleja que ésta pidió más opciones de ataúdes y se las enviaron en media hora. Finalmente, la nota de Europa Press establece que la empresa se guarda el derecho a emprender acciones legales contra la familia si lo considera oportuno

El caso ha levantado tal revuelo, que el propio Ministerio de Consumo ha tomado cartas en el asunto, limitando el precio de estos servicios: 

Independientemente de quien tenga razón en este caso, esta realidad supone un dolor añadido a las familias que están atravesando el duelo y se encuentran en una situación de mayor vulnerabilidad emocional a la hora de tomar decisiones que pueden afectar a la economía doméstica a corto y medio plazo.
 

La esperanza es lo último que se pierde

Actualmente los tanatorios están cerrados al público y no se pueden realizar velatorios ni ceremonias.

En este contexto extraordinario, José Carlos Bermejo, coautor de El duelo. Luces en la oscuridad, sostiene que el duelo pone en nuestra vida una gran verdad. No permite, como en otras situaciones, ni la negación total ni el ocultamiento. Reclama, desde la soledad más radical, una profunda reflexión sobre la limitación de nuestra condición, sobre nuestros vínculos y sobre el valor del instante, que siempre puede ser el último:

 

Cultivemos la interioridad. Confiemos en lo mejor de uno mismo, armémonos de paciencia y de ese saludable dinamismo con el que empezó la humanidad en torno a la muerte: la esperanza.