Muchos de nosotros llevamos semanas prácticamente sin salir de casa, salvo para hacer algunas compras esenciales. Sin embargo, cuando lo hemos hecho, nos hemos dado cuenta de una cosa: que, pese a estar confinados en casa, la primavera ha seguido avanzando casi sin darnos cuenta, los días son mucho más largos y las temperaturas mucho más cálidas. Así que, entrando ya en mayo, y aunque sigamos en casa, ha llegado uno de los momentos más tediosos del año en lo que a la limpieza y al orden se refiere: el temido cambio de armario. Ese momento en el que nos damos cuenta de la cantidad de piezas que tenemos acumuladas, que ya no nos gustan o que no usamos pero que guardamos “por si acaso”, y a las que tenemos que hacer nuevamente espacio.

Antes de empezar a ver cómo hacer el proceso lo más efectivo posible, conviene resaltar que la puesta a punto para el calor no trata solamente de la ropa con la que nos vestimos, sino de todas las piezas textiles con las que también vestimos nuestro hogar: sábanas, mantas, cortinas, alfombras, albornoces o fundas de cojín de lana, de terciopelo, de punto, de piel u otros tejidos que nos aportan calor y confort durante los meses de invierno deben ser también sustituidos por otros más ligeros y más frescos, como el algodón, la seda o el lino. Otros, como algunas alfombras, no hace falta ni sustituirlas y podemos, sencillamente, guardarlas hasta el próximo otoño dejando despejado el espacio que normalmente ocupan.

Cambiar la ropa de casa y adecuarla al verano también nos permite hacer una mini reforma o cambio de decoración a bajo coste

Además, recuerda que más allá de hacernos sentir más cómodos y más frescos durante los meses más calurosos del año, cambiar la ropa de casa y adecuarla al verano también nos permite hacer una mini reforma o cambio de decoración de casa a bajo coste. Ahora es el momento de volver a hacer lucir las piezas más florales, más alegres y más vitales tan acordes al espíritu primaveral y veraniego.

Todos los expertos en orden coinciden también en recomendar aprovechar este cambio de armario para hacer una revisión de lo que tenemos en casa, descartar lo que ya no queramos y conseguir así generar más espacio material (y mental) o bien más espacio para nuevas piezas que nos encajen más. Las teorías minimalistas nos advierten de que, además, quedarnos solo con lo que nos aporte mejorará nuestra autoestima y nos hará sentir más satisfechos y más alineados con nuestro estilo.

¿Por dónde empezamos?

Haz inventario de todas tus piezas y descarta las que no uses o no te gusten
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Haz inventario de todas tus piezas y descarta las que no uses o no te gusten

Foto: La Mallorquina

La idea es conseguir tener una visión global de todos los textiles y ropa que tenemos acumulados. Reúne primero todas las piezas invernales que quieras guardar y pregúntate, una a una, si las usas, si te gustan o si encajan con tu estilo actual (lo más probable es que vaya cambiando con el paso del tiempo, y está bien que sea así).

Si la respuesta es no, desapégate de ellas, descártalas y no las guardes de nuevo (puedes darlas a alguien que las vaya a usar o llevarlas al punto de recogida de ropa para que puedan tener una segunda vida, antes que tirarlas a la basura, que sería la última de las opciones). Recuerda todo lo bueno que trae el minimalismo a tu vida (menos ruido mental, mucho más foco y más sensación de alineación contigo misma) y no te dejes llevar por los “por si acaso”, la pena o el sentimiento de culpa de descartar algo que te regalaron pero que no te gusta.

Lava y seca toda la ropa que vayas a guardar
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Lava y seca toda la ropa que vayas a guardar

Esto sirve tanto para la ropa del hogar como para la ropa de todos los miembros de la familia. Antes de guardarla, límpiala adecuadamente con el fin de eliminar bacterias y ácaros y de encontrártela en el mejor estado posible cuando vuelvas a usarla en otoño.

Agrupa y ordena las piezas de invierno
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Agrupa y ordena las piezas de invierno

Establece una serie de clasificaciones por prendas, por usos, por estancias o por miembros de la familia. Así te será mucho más fácil y rápido recuperarlas cuando vuelva el frío.

Escoge el lugar dónde guardarlas y límpialo a fondo
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Escoge el lugar dónde guardarlas y límpialo a fondo

Lo más importante es que sea un lugar limpio, seco y alejado de la humedad. Así, los espacios más altos del armario, los altillos, el canapé o los sistemas de almacenaje de debajo de la cama pueden ser buenas opciones, siempre y cuando protejamos la ropa dentro de cajas o bolsas.

Antes de colocar la ropa en estos mini almacenes, limpia todos los espacios por fuera y por dentro e incluye, si te parece, antipolillas para una máxima protección, o bien límpialo con un trapo humedecido añadiéndole unas gotas de tu aceite esencial favorito. Los de lavanda, geranio, jazmín o naranja pueden ser grandes opciones.

Utiliza bolsas de envasar o cajas de almacenamiento y etiquétalas
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Utiliza bolsas de envasar o cajas de almacenamiento y etiquétalas

En el caso de los rellenos nórdicos o de los edredones, lo mejor es que utilices el mismo envoltorio o bolsa original, mientras que el resto de prendas pueden guardarse en cajas de almacenamiento de plástico bien tapadas o bien con bolsas de envasar al vacío, con las que puedes reducir más de la mitad el volumen del paquete. Algo especialmente importante si tenemos poco espacio de almacenamiento.

El siguiente paso es etiquetarlas debidamente para no tener que ir abriendo cajas hasta llegar a la adecuada cuando quieras recuperar una pieza o una categoría en concreto dentro de unos meses.

Organiza y coloca los textiles y la ropa de verano
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Organiza y coloca los textiles y la ropa de verano

Lo más posible es que las prendas de ambas estaciones tengan que convivir en un mismo espacio. Así que te recomendamos colocar la ropa de invierno en los lugares más inaccesibles, como los armarios más altos que solo puedes abrir subiéndote a un taburete, situando a la ropa de verano en primera posición y muy a mano.

Eso sí, antes de colocar la ropa de verano en su nuevo sitio (también conviene organizarla por categorías, por colores o por cualquier sistema de organización que te resulte práctico y útil), repite el proceso inicial de selección y descarte de prendas que no te vayas a poner o a utilizar y quédate con un armario que contenga, en exclusiva, aquellas prendas que te representen, que te hagan sentir bien y con las que te identifiques en este momento de tu vida, sin espacio para los remordimientos. Como nos recuerda siempre Lucía Terol, especialista en minimalismo y organización, “no somos nuestra ropa”.