Son muchos los beneficios de las setas u hongos. Se trata de un alimento rico en vitaminas del grupo B, son una importante fuente de proteínas y de minerales como el potasio y el fósforo y, además, no contienen nada de grasa, por lo que son alimentos ideales para personas con problemas de colesterol alto o hipertensión.

Incluir las setas en nuestra dieta, en definitiva, trae solo ventajas. Aun así, al ser un alimento en contacto directo con la tierra, debemos tener en cuenta que hay que lavarlas correctamente antes de consumirlas o cocinarlas.

En primer lugar, hay que tener claro que será diferente si se trata de setas cultivadas o setas silvestres.

 

Setas cultivadas y setas silvestres

En las setas cultivadas, que podemos comprar en frutería o supermercados, bastará con pasar un paño húmedo por la seta y, si es necesario y está manchada de tierra, cortar la punta del pie hasta quedarnos con un tronco de un par de centímetros.

Asimismo, podemos ayudarnos de un cuchillo o un cepillo pequeño para eliminar la suciedad o las partes más dañadas del hongo.

Si vamos al monte a buscar setas silvestres lo mejor es llevar un paño o algodón para que, nada más cogerlas, podamos limpiar la tierra. Si no lo hacemos y las metemos en la cesta directamente, lo más probable es que la tierra se acabe acumulando en las láminas de la seta y sea prácticamente imposible quitarla posteriormente, por lo que acabaremos masticando tierra.

Al llegar a casa deberemos cortar la parte más sucia del tronco y de la seta, además de revisar bien el alimento para que no queden restos de tierra o de algún insecto pequeño. Cuando lo hayamos revisado bien y cortado las partes sucias, deberemos limpiarla con un trapo humedecido y secarla después.

 

¿Y en caso de que estén muy sucias?

Si la seta está muy sucia y llena de tierra, podemos probar a eliminar solamente la parte dañada o sucia con un cuchillo, procurando no echar a perder mucha carne. Si, posteriormente, ni con un paño humedecido podemos limpiar la tierra acumulada, podemos optar por pasarlas rápidamente bajo el grifo frotándolas ligeramente con la mano (nunca sumergiéndolas en agua), siempre con la parte de las láminas hacia abajo para que no acumule agua. Si las láminas están sucias, podemos limpiarlas con un cepillo blando, pero bajo ningún concepto bajo el grifo.

Si se lavan bajo el grifo porque están muy sucias habrá que procurar escurrirlas bien. Si no, cuando se quieran saltear o cocinar a la plancha acabarán cociéndose al soltar toda el agua absorbida.

Aun así, algunas variedades como los champiñones pueden pelarse si no se quieren lavar. Basta con, con la ayuda de un cuchillo, quitar una fina capa hasta que quede totalmente limpia y lista para consumir o cocinar.