El calendario nos indica que aún estamos en verano, pero muchos ya notamos la proximidad del otoño y las ganas de empezar a llevar manga larga, así como todo lo que esto conlleva a nivel emocional. Los días son más cortos, tenemos menos horas de luz, más oscilación térmica entre el día y la noche, más lluvias y tormentas y un estado de ánimo que empieza a llevarnos cada vez más hacia nuestro interior. Así que no es casualidad que la medicina tradicional china (MTC) considere esta época de transición entre el calor y el frío como la quinta estación del año con sus propias peculiaridades: el verano tardío.

Según esta disciplina milenaria, todo se rige por la teoría de los cinco elementos y por la relación que hay entre ellos. Así, el agua, la madera, el fuego, la tierra y el metal se asocian con cada una de las cinco estaciones de invierno, primavera, verano, verano tardío y otoño y que, con el paso de los meses, van dándose paso unas a otras de forma dinámica y progresiva. Así, la naturaleza expansiva y enfocada hacia el exterior que predomina en verano, y que la mayoría vivimos con, por ejemplo, más ganas de estar al aire libre y de socializar, se transforma durante esta época en energía que tiende a la interiorización y al recogimiento y que nos acompañan durante los meses más fríos del año.

post facebook

Pero la teoría china de los cinco elementos no solo los relaciona con una estación y un tipo de energía, sino que también atribuye a cada elemento un órgano y una víscera, un color, una emoción y un grupo de alimentos para tonificar. De esta forma, si el verano tardío hace precisamente de puente entre dinámicas, energías y estaciones, y por eso se considera un buen momento para armonizar el sistema digestivo y reconstituir el organismo, desde la MTC se asocia esta estación con el estómago y el bazo, con los colores ocre, naranjas, amarillos y marrones, con el sabor dulce y con la preocupación como emoción principal.

Si te suena demasiado abstracto y poco preciso, intenta hacer la traslación a nivel material: los meses de septiembre y octubre nos traen alimentos de la tierra, de raíz y de color naranja como la calabaza, el boniato o la zanahoria. Así que son estos mismos, entre muchos otros, los que nos ayudarán a hacer la transición entre estaciones (en el artículo “Qué comer en septiembre: 6 frutas y verduras de temporada” te contamos más).

Los órganos del verano tardío: el estómago y el bazo
1/4

Los órganos del verano tardío: el estómago y el bazo

Durante los meses de septiembre y octubre, la medicina tradicional china aconseja poner más atención en los órganos que toman su energía del elemento Tierra y que son el estómago, el bazo y el páncreas, todos ellos relacionados con el sistema digestivo y que resultan imprescindibles para distribuir la energía por todo el cuerpo. Por eso también se considera un buen momento para hacer procesos depurativos, dietas détox o ayunos controlados para resetear nuestro cuerpo y prepararlo para el cambio de estación.

El moderado descenso de las temperaturas también hace que nos apetezcan alimentos de naturaleza más templada y menos fría, por eso podemos ir introduciendo más alimentos cocinados y menos crudos, utilizando técnicas como el vapor, el hervido o el cocido.

Uno de los cereales más digestivos y de naturaleza templada que se recomienda consumir durante el verano tardío es el mijo, ya que resulta muy fácil de digerir y nos ayuda a reconstituirnos. También es un buen momento para volver a introducir los caldos y las infusiones digestivas.

Los colores del verano tardío: ocre, naranjas, amarillos y marrones
2/4

Los colores del verano tardío: ocre, naranjas, amarillos y marrones

Como decíamos, los alimentos que salen directamente de la tierra como la calabaza, la zanahoria, el boniato o las setas, serán grandes aliados de esta época de transición entre el calor del verano y el frío del invierno. Y no es de extrañar, teniendo en cuenta que el verano tardío equivale al principio del tiempo de la cosecha, un periodo en que muchas frutas y verduras han finalmente madurado después del verano.

El sabor del verano tardío: el dulce
3/4

El sabor del verano tardío: el dulce

Cuando decimos dulce, no pienses en azúcar. O, al menos, en azúcar refinado. Por alimentos dulces nos referimos a todos aquellos que deben su dulzor natural a los hidratos de carbono de absorción lenta que nos proporcionan, y que nos dan energía estable sin provocarnos picos repentinos de glucemia en sangre.

¿Dónde los encontraremos? De nuevo, por ejemplo, en hortalizas y verduras de raíz como la calabaza, el boniato, la chirivía o la cebolla o en frutas como el higo, el melocotón, el caqui, el dátil o las uvas. Pero también en cereales como el arroz, el mijo, el maíz o la avena, en las alubias y en muchas nueces y semillas.

El elemento del verano tardío: la tierra
4/4

El elemento del verano tardío: la tierra

La Tierra es el elemento del que parten y retornan el agua, la madera, el fuego y el metal, es decir, los cuatro elementos restantes. Por ese motivo, la Tierra es sinónimo de orden, de estabilidad, de equilibrio y de reflexión, pero también de nutrición o de receptividad, ya que de la tierra nacen los frutos que nos permiten nutrirnos.

Despedirnos del calor del verano y prepararnos para la entrada del frío otoñal significa, además de variar nuestra alimentación, cambiar rutinas como, por ejemplo, irnos a dormir más temprano para aprovechar mejor las horas de sol del día o volver a la rutina habitual de ejercicio, que ya puede ser menos moderada que en verano.

Recuerda que no dar importancia a este tiempo transitorio entre estaciones puede hacer que contraigas virus, gripes o resfriados, además de afectar negativamente tu estado anímico.