Así es, todavía sigue existiendo cierto pudor a compartir uno de los problemas más comunes entre padres primerizos, que es la dificultad para mantener una vida sexual activa con la llegada de un bebé a la familia. Se trata de un cambio drástico en nuestras vidas que sí, nos colma de amor y nos da un nuevo propósito, pero también acapara toda nuestra atención, y nos mantiene ocupadas las 24 horas atendiendo a las necesidades de nuestro bebé, nos duelen los pechos, estamos cansadas de no dormir, es muy probable que aún nos duelan los puntos de la episiotomía, al tiempo que nuestra vagina debe recuperarse del esfuerzo al que ha sido sometida.

A nivel físico, el parto produce un trauma en los tejidos y los órganos sexuales internos suelen sufrir heridas e inflamarse, mientras que los órganos externos también pueden encontrarse resentidos e irritados. Es indudable que, con el embarazo y el parto, el cuerpo de la mujer sufre transformaciones como, por ejemplo, que se gane peso o que se ensanchen las caderas, algo que también puede afectar a nuestra estabilidad emocional, y a su vez influir en la salud sexual de la pareja.

Pero, ¿qué entendemos entonces como salud sexual? Según lo define la OMS, se trata del estado del bienestar físico, mental y social relacionado con la sexualidad. La llegada de un hijo (en especial el primero) muy a menudo supone un punto de inflexión en el que muchas parejas acuden en busca de ayuda profesional ante problemas o crisis sexuales o relacionales que han iniciado (o se han agravado) durante esta etapa.

 

¿Qué sucede con el deseo sexual de una madre cuando da a luz?

Durante mucho tiempo se ha dado protagonismo a los factores hormonales a la hora de explicar la disminución en el deseo que gran cantidad de mujeres experimentan justo después del parto, y coincidiendo con el periodo de lactancia. En la actualidad, sin embargo, se ha reconocido que la función sexual es un fenómeno multidimensional, influido por diversidad de factores también de naturaleza psico-social, vivencial y relacional.

Así, durante el posparto, la sexualidad de la mujer puede verse influida por diversas variables como los cambios hormonales, la lactancia y otras variables psicosociales como el nivel de energía, el ajuste en los roles sociales, la calidad en la relación con nuestra pareja o los cambios de humor.

En cuanto a los niveles hormonales, existen algunas evidencias de que los niveles bajos de estrógenos en las mujeres durante la lactancia podrían ir asociados a una disminución de la lubricación vaginal, algo que puede dificultar la excitación sexual. Existen incluso algunas investigaciones que asocian los niveles elevados de prolactina (la hormona que segregan las mujeres en el periodo de lactancia) con una disminución del deseo sexual.

 

¿Cómo podemos ponerle remedio?

Si de algo no cabe duda, es de que durante este periodo de la vida el deseo sexual es un aspecto que se vive de forma muy diversa, tanto en el caso de las mujeres como en el de los hombres. Por ello, es importante estar preparados y saber gestionar estos cambios para que la vida en pareja no se vea resentida.

Uno de los factores de mayor importancia es el cuidado que debemos dedicar a nuestra pareja. Los cuidados y los mimos son de vital importancia en este periodo vital, en el que es habitual que nos sintamos mucho más vulnerables y prontos a entrar en discusiones fáciles.

Es importante ante todo que seamos pacientes, y que entendamos que acabamos de entrar en una época en la que es normal que el cuidado de nuestro bebé se anteponga a cualquier otro asunto, por lo que es de esperar que el deseo sexual quede relegado a una posición secundaria. No te presiones a ti misma, ni presiones a tu pareja, si vuestras relaciones sexuales no son lo frecuentes que eran antes. Las presiones y reproches de quien desea más hacia quien desea menos pueden deteriorar y enfriar la relación.