En verano es frecuente pasar el día rellenando la botella de agua. El consumo de líquido se multiplica con el calor y es posible que se llegue hasta a aborrecer el agua. Llegados a este punto, para evitar el abuso de refrescos, el té frío es una buena solución. Es refrescante, su elemento principal es el agua y no supone aporte calórico, pero tiene un sabor que deja un regusto agradable en la boca. Recetas de té hay infinitas. La clave es conocer la base para después moldearla al gusto del paladar de cada uno:

- Pon agua a hervir en un cazo (1 litro) y apaga el fuego momentos antes de que empiece a hervir.

- Sírvete de un filtro ancho para poner unas 6-8 cucharadas del té que hayas comprado. Cuando el agua esté en su punto, viértela sobre el té.

- Deja que infusione unos minutos (el tiempo exacto dependerá del tipo de té y lo encontrarás siempre indicado en el envase) para que el líquido se empape del sabor del té y retira el filtro para detener la infusión y que no amargue.

- Llena una jarra, espera a que el líquido se enfríe un poco y a continuación, ponlo en la nevera. Tápalo para evitar que el té se oxide.

- Si quieres un té helado, puedes dejarlo alrededor de una hora.

- A la hora de servir, puedes añadir trozos de fruta, el zumo de un limón o una naranja y todo lo que se te ocurra, para darle a la bebida un sabor delicioso.