“Era demasiado crio”. “Solo quiere sexo”. “Todo se torció cuando le dije que quería un hijo”. Estas y muchas otras podrían constituir la larga lista de quejas que muchas mujeres de la generación X, las millennials e incluso las de la generación Z suelen dedicar a muchos hombres después de relaciones fallidas. Algunas, vividas por un largo tiempo y acabadas de forma abrupta o insatisfactoria. Otras, relaciones que nunca llegaron a consolidarse y que quedaron en fases muy precoces. Y si algo tienen en común todas ellas es probablemente la desilusión y el reproche hacia una supuesta inmadurez masculina, que desde hace décadas la psicología moderna ha bautizado como el famoso “síndrome de Peter Pan”.

Ya en 1983, el Dr. Dan Kiley hizo famoso este término cuando publicó el libro The Peter Pan Syndrome: Men Who Have Never Grown Up ("El síndrome de Peter Pan: hombres que nunca crecieron”) haciendo alusión al personaje de Disney que vivía en el País de Nunca Jamás y al que el paso de los años no afectaba. En la vida real, en cambio, aunque un físico que empieza a dar señales de fatiga y de pérdida de juventud delata el paso inexorable de los años, tal vez la madurez emocional no sigue el mismo ritmo del cuerpo de muchos de nuestros hombres, anclados en esquemas mentales y emocionales y en estilos de vida obsoletos.

Se trata de hombres que para evitar una realidad que no les gusta, se niegan a crecer psicológicamente y para ello se refugian en un lugar imaginario

Para el psicólogo Antoni Bolinches, estamos hablando de “hombres que para evitar una realidad que no les gusta, se niegan a crecer psicológicamente y para ello se refugian en un lugar imaginario, que se fabrican a su gusto, donde pueden vivir sin aceptar responsabilidades y en un estado de constante diversión”. El psicólogo especialista en psicología clínica y máster en sexualidad humana es precisamente un buen conocedor de este modelo de hombres del siglo XXI y, en su libro “Peter Pan puede crecer”, da también pautas para los hombres que se sientan identificados para conseguir superarlo.

 

¿Eres un Peter Pan?

Si has recibido más de una queja de tu entorno porque te considera excesivamente inmaduro o egoísta; si tienes tendencia a aparentar lo que no eres o a exagerar tus méritos con el fin de captar el interés femenino; si sientes una gran necesidad de sentirte querido pero, a la vez, te cansas fácilmente de tus ligues o relaciones; si te pones de malhumor cuando no puedes satisfacer de manera inmediata tus deseos o si, delante de un conflicto entre lo que te gustaría hacer y lo que consideras que deberías hacer, te sueles inclinar por lo primero, es muy posible que seas uno de ellos.

Y es que la sociedad actual, en la que parece que los hombres maduros y sin pareja son “partidazos” o “chicos de oro”, mientras que las mujeres en la misma situación son “solteronas”, no lo pone fácil a ningún de los dos géneros, para nombrar solo un ejemplo de los muchos elementos que conforman el caldo de cultivo de la actual crisis del modelo de relaciones amorosas heterosexuales.

Sea como sea, y después de ver a muchos casos en consulta y de estudiar profusamente la problemática, Bolinches ha reducido a cinco los rasgos de los hombres con el síndrome de Peter Pan.

Alto grado de necesidad afectiva
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Alto grado de necesidad afectiva

La búsqueda obsesiva de relaciones sexuales, el flirteo constante con distintas mujeres (aunque eso incomode a su pareja) o la alternancia entre actitudes seguras e inseguras en función de la aceptación externa pueden ser síntomas de una autoestima deficitaria que intenta suplirse a través de una necesidad de afecto malentendida.

Exceso de egocentrismo y narcisismo
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Exceso de egocentrismo y narcisismo

Los hombres con el síndrome de Peter Pan acostumbran a querer ser siempre el centro de atención en las situaciones públicas en las que participan, además de pensar a menudo que son ellos quienes siempre tienen la razón o de sentirse superiores a los demás.

El mundo gira a su alrededor y es frecuente que les cueste ponerse en el lugar del otro o de comportarse de forma empática con los demás.

Escasa resistencia a la frustración
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Escasa resistencia a la frustración

Por el motivo que sea, es frecuente que estén acostumbrados a obtener aquello que quieren de forma más o menos inmediata, por lo que no aceptan de buen grado un no por respuesta o una crítica, aunque sea constructiva, y en seguida se sienten ofendidos.

Al igual que sucede con los niños, ponerse de mal humor o negar la evidencia delante de un fracaso o de una negativa son también signos claros de intolerancia a la frustración.

Poca capacidad de autocrítica
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Poca capacidad de autocrítica

Si, delante de un problema, la culpa es siempre de los demás, no acepta la relación directa entre sus actos y las consecuencias y no mueve un dedo por resolver el conflicto, estamos delante de una incapacidad de autocrítica. Un rasgo típico de la inmadurez que difícilmente puede convivir con una relación sana y adulta.

Dificultad para aceptar relaciones simétricas con las mujeres
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Dificultad para aceptar relaciones simétricas con las mujeres

Buscar mujeres mucho más jóvenes solo “para no tener problemas”, para que “no les pidan demasiado” o para “eludir compromisos” y poder así mantener el mismo estilo de vida que cuando son solteros manifiesta una dificultad a la hora de aceptar relaciones simétricas con las mujeres.

Así, la conducta evitativa puede acabar convirtiéndose en la manifestación de un miedo o de una incapacidad de gestionar las complejidades de la vida adulta presente.