¿Es la moda sostenible?

Al año cada persona compra una media de 68 prendas. Ropa que se crea y se destruye en cuestión de horas. Un modelo de consumo acelerado que obliga a preguntarnos: ¿Es la moda sostenible?

Es la moda sostenible
Es la moda sostenible
Sara Roqueta

Sara Roqueta

Periodista

Una chaqueta, un pantalón, una camisa blanca. La ropa nos define. La ropa crea una imagen de nosotros y, como escribió Virginia Woolf en 'Orlando', "la ropa cambia nuestra visión del mundo y la visión que el mundo tiene de nosotros". Cada día millones de personas compran rompa sin pensar, inducidos en aquello que en 2013 el Center for Media Research anunció como "el pasatiempo favorito de los estadounidenses". Tampoco España se libra del modelo de consumo acelerado de ropa. Pero ¿acaso es sostenible el fenómeno de la fast fashion? ¿Nos ponemos toda la ropa que compramos? 

Vayamos a los datos. En 'Fashionopolis: El precio de la moda rápida y el futuro de la ropa', la periodista norteamericana Dana Thomas pone en relieve el fenómeno de la fast fashion al destacar cómo los consumidores compran cinco veces más ropa ahora que en 1980, lo que desde 2018 supone una media de 68 prendas al año. 68 prendas al año. Un número importante si tenemos en cuenta que, por lo general, como explica Carmen Sáenz Varona, fundadora de Best for less (una plataforma de compraventa de ropa y complementos de segunda mano), "solo utilizamos entre el 30% y el 40% de nuestro armario"

Ahora bien. Observa las prendas que llevas puestas. Su textura, su procedencia. ¿Cuánto tiempo hace que las compraste? Según Sáenz "usamos una prenda una media de 5 veces antes de desecharla". Es decir, que el periodo de vida de la ropa es tan corto que apenas damos tiempo a que el planeta se recupere de la contaminación resultante en el proceso de producción. Por algo la industria textil es la segunda más contaminante del mundo, según los datos oficiales de la Organización de las Naciones Unidas (ONU)

Ropa que aparece y se destruye en cuestión de semanas. Vertederos llenos de poliéster. De hecho, al año se tiran a la basura 16.030 toneladas de ropa, un 811% más que en 1960, según un informe de la Agencia de Protección Medioambiental. 

 

¿Cuánta ropa consumimos? ¿De qué manera?

En total, los habitantes del planeta adquieren 80 mil millones de artículos de vestir al año. Un hecho que responde al espectáculo de consumo en el que el capitalismo ha inducido a cada partícula. Por ejemplo, entrar a una tienda ya no implica mirar, coger, probar. Existe detrás de cada escaparate y, de cada rincón comercial, una estrategia de marketing que apuesta porque la compra se convierta en una experiencia efímera, pero grandiosa. Es lo que la fast fashion pone de manifiesto. Un modelo frenético, sensaciones explosivas a un ritmo vertiginoso y que evocan en el público el placer de comprar, de poseerlo todo inmediatamente.

Al respecto escribe Dana Thomas: "Curiosamente, el precio resulta irrelevante. Uno se siente tan seducido y sobreestimulado que olvida tener en consideración aspectos tan fundamentales como la calidad".

La función original, preindustrial, de la moda era la de establecer un parámetro común, ponerlo todo en consonancia para comunicarnos los unos con los otros. Pero el consumo de moda ya no es lo que era. Sobre todo desde que a finales de los ochenta surgió la moda rápida, a la que podríamos definir más concretamente como:

 

La producción, en grandes cantidades y a la velocidad de la luz, de prendas de moda baratas para ser vendidas en miles de tiendas.

 

Sostenibilidad vs fast fashion

Y no. Como te figurarás, nada de esto es sostenible. En absoluto. Una de las vícticamas de la moda rápida ha sido la Tierra. El Banco Mundial estima que cada año el sector es responsable de aproximadamente el 20% de toda la contaminación industrial del agua y libera el 10% de las emisiones de carbono en nuestro aire. Con exactitud, un kilo de ropa genera 23 kilos de gases de efecto invernadero. Los agentes químicos que se utilizan en la producción de ropa dañan cada día vastos kilómetros de tierra. También de agua, ya que los tejidos sintéticos desprenden microfribas en el agua cada vez que se lavan tanto en casa como en las fábricas. De hecho, en el año 2017, Greenpeace llegó a encontrar microplásticos hasta en el agua de la Antártida.

 

Los daños medioambientales que la fast fashion provoca en nuestro planeta se suman a la deslocalización de fábricas a países en vías de desarrollo donde menos del 2% de esos trabajadores ganan un salario digno.

 

Así, además del impacto ambiental, nos encontramos con un fenómeno que ataca los derechos humanos. Algunas fábricas están tan mal construidas que, en ocasiones, se incendian o se derrumban como el colapso del edificio conocido como Rana Plaza que el 24 de abril de 2013 se derrumbó, con sus ocho pisos, en Savar, un distrito de Daca, capital de Bangladés. Murieron 1134 personas 23 y otras 2437 resultaron heridas.

 

Slow fashion y otras alternativas ecológicas

Dejar de lado el modelo de consumo de ropa acelerada pasa por entender qué es la slow fashion. Para empezar, es un sistema más transparente y sostenible que la fast fashion. En España ya son muchas las firmas que se han sumado a este sistema sin deslocalización y que trabaja con materiales no contaminantes. Un ejemplo de ello es la firma barcelonesa Zer Collection de las diseñadoras Ane Castro y Núria Costa. Dos jóvenes emprendedoras que con su primera colección sobre la mesa, ya apuestan por una filosofía de comercio justo, basada en la sostenibilidad, la innovación y el kilómetro cero. 

También encontramos otros modelos como el anteriormente mencionado Best for less. Una web de compraventa de ropa y complementos de segunda mano creada para mujeres amantes de la moda que buscan un consumo sostenible. Además, han integrado un ciclo de Pop-Ups virtuales, la última tendencia en moda, en los que distintas prescriptoras e instagramers ponen a la venta parte de su armario. Una iniciativa que pretende concienciar sobre el uso inteligente de la ropa y la importancia de dar una segunda oportunidad a las prendas que lo merecen.

Los gurúes de la moda ya lo dicen, la segunda mano ha llegado para quedarse. Ya no permite tabúes. Un modelo que permite un consumo de moda sostenible y que la democratiza al hacerla realmente aquesible. Porque como explica Carmen Sáenz, “la segunda mano es el nuevo outlet de la moda”. El mejor método para ser más conscientes de qué consumimos y cómo podemos hacerlo de manera responsable.

La alternativas ecológicas a la fast fashion son muchas. Te las dejamos a continuación para que te permitas cuestionar por un momento el modelo de compra rápida y los efectos nocivos que deja en nuestro planeta.

Nos vamos de shopping

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