El TDAH o Trastorno por Déficit de Atención e Hiperactividad es un trastorno neurobiológico de carácter crónico, sintomáticamente evolutivo y de probable transmisión genética que afecta entre un 5% y un 10% de la población infantil, llegando incluso a la edad adulta en el 60% de los casos. Se caracteriza por una dificultad de mantener la atención voluntaria frente a actividades, tanto académicas como cotidianas.

El tratamiento de este trastorno se apoya normalmente en procesos psicológicos y farmacológicos, pero es primordial la intervención educativa y familiar, especialmente de los padres. Para facilitar la convivencia con niños diagnosticados de TDAH se recomienda que los padres definan unas reglas claras, estableciendo premios y consecuencias para determinados comportamientos del niño.

También se aconseja que dividan las tareas que deben hacer los más pequeños en pasos o secuencias menores para que no se agobien y dejen de hacerlas, así como enseñarles a revisar dicho trabajo. Facilitarles un reloj o cronómetro para que entiendan el tiempo que han de dedicar a cada cosa también resulta útil, igual que establecer rutinas y horarios para que realicen diariamente las mismas actividades y en el mismo orden, de modo que sean predecibles y estables en el tiempo.