Aplazar una cita pendiente con alguien, estudiar para un examen la noche anterior o evitar una visita al dentista que hace meses que necesitas son tareas que se van acumulando en tu lista-de-cosas-a-hacer. Al ver que nunca llegas a tachar los quehaceres pendientes, la insatisfacción se intensifica.

Con perseverancia y estos 6 pasos formulados por la Harvard Business Review te preguntarás con menos frecuencia “¿Por qué no habré hecho esto antes?”.

1. Visualiza los beneficios de las tareas cumplidas.

Si en el trabajo debes cumplir una tarea que estás aplazando, como hacer una llamada o enviar un email, dale un empujón a tu cerebro imaginando el placer que sentirás una vez la hayas hecho. También puedes recrear la imagen de la otra persona recibiendo aquello que necesitaba de ti. Cumplir una planificiación te hará más productivo en el trabajo. 

2. Cuéntale a los demás lo que tienes que hacer.

Decirle al otro que vamos a llevar algo a cabo amplificará nuestro campo –y nuestra motivación– para actuar, ya que lo habitual es que estés muy pendiente de la consideración social. El “lo dejo para mañana” puede transmitir que holgazaneas.

3. Reflexiona sobre las consecuencias de posponer.

Dejas a medias una tarea porque en ese momento crees que hay algo mejor que hacer, pero el caso es que esta forma de actuar te lleva a situaciones estresantes a posteriori, como llegar corriendo y de mal humor al trabajo por no decidirte a madrugar, o comprar un regalo de Navidad a última hora con la inquietud de que te has esmerado más bien poco. Aprende a valorar tu tiempo, es una de las claves para tener éxito profesional y laboral. Además, si piensas en los efectos negativos de dejar algo por hacer, estararás más dispuesta a evitarlos y cumplir con lo pendiente.

4. Divide las tareas en pasos pequeños.

Puede que te hayas propuesto aprender francés porque el próximo año te destinan a trabajar a París. Pues bien, está claro que no podrás conseguir saber la lengua de Molière en una semana. El truco está en identificar cuál es el primer paso para acercarte a ese objetivo. Debe ser una acción pequeña, como por ejemplo dedicar una hora de la tarde del martes a buscar escuelas de idiomas por Internet y elegir una. Una vez consigues ese objetivo sencillo y asumible, te sientes más animada para dar otro paso más y la meta de aprender un nuevo idioma se aplana.

5. Combina ese pequeño paso con otro que pensabas hacer.

Une el truco anterior a un trato, es decir, asocia el quehacer que estás aplazando a otro que no pospones. Por ejemplo, si consigues reorganizar el armario del baño que está hecho un caos y condicionarlo como una gurú japonesa del orden, recompénsate con una comida o merienda que te apetezca.

6. Desbloquéate mediante preguntas.

“¿Por qué pospongo?, ¿por qué no lo he hecho?, ¿por qué me da pereza?”… No se trata de que te sometas al tercer grado, pero realizar una reflexión sobre las razones por las que a veces te encuentras volviendo una y otra vez a una tarea hasta poner el acelerador y terminarla puede tener recompensa. Igual debes darle una vuelta a la forma en la que te organizas. Imagina que te gusta tener tiempo para ti por la mañana para desayunar con calma y estar con tu familia, y es entonces cuando se te hace cuesta arriba poner lavadoras, trabajar o estudiar… una opción puede ser cambiar tus rutinas y trasladar los quehaceres a la tarde o la noche, obviando así que por la mañana debes dedicar tiempo a ellos. Se trata de encontrar una rutina de pasos para dejar de perder el tiempo y derrotar a la procrastinación.