Hay muchas opciones para gastar menos en las cosas que más nos gustan. Aprovechar los mercadillos de segunda mano, tomar prestado libros y DVDs de la biblioteca, ir al cine el día del espectador, hacer ejercicio al aire libre, ir andando al trabajo o comprar billetes con antelación son algunas propuestas para gastar menos sin renunciar a nada. Se trata de seguir haciendo lo que nos gusta controlando en qué invertimos nuestro capital.

Una opción para regular los gastos es apuntar todas las facturas en una libreta, inspirándonos en técnicas como el kakebo. Esta herramienta japonesa se basa en repartir los gastos en distintas categorías, para ver dónde podemos ahorrar más. Las listas también funcionan para otras actividades, por ejemplo, ir al supermercado. También es recomendable pagar con dinero en efectivo y plantearnos si realmente necesitamos algo antes de comprarlo.

En casa también podemos emplear una filosofía de vivir con menos. Utilizar bombillas de bajo consumo, usar lavadoras y lavavajillas sólo cuando estén llenos, elaborar productos de limpieza caseros con vinagre, limón o bicarbonato y dar un nuevo valor a objetos que tenemos en casa (por ejemplo, reciclando aquellas cosas que ya no usamos), son algunas ideas que mejoran la economía del hogar y nuestra relación con el entorno.