Después del goteo constante de empresas tecnológicas que han ido cancelado su presencia en el congreso de telefonía, finalmente la edición del Mobile World Congress de este año no se celebrará. La anulación no se debe realmente al coronavirus, sino a la desinformación y las fake news alarmistas, un virus mucho más extendido en nuestra sociedad digital. Según el profesor de Estudios de Ciencias de la Información y de la Comunicación de la UOC, Ferran Lalueza, “en esta decisión ha pesado más la imagen corporativa que el riesgo sanitario.

Definirse como empresas que se preocupan por sus trabajadores y que no quieren que asuman riesgos, compensa el impacto negativo que comporta la ausencia en el Mobile

Porque si nos basamos en datos, no hay motivos para alarmarse por el coronavirus. Entre las empresas que se han echado atrás solo una es china y la realidad es que las cifras de personas infectadas fuera del territorio chino, solo representan entre el 1% y el 2% sobre el total.

 

El miedo se contagia y se viraliza

Un estudio reciente publicado en la revista Science demostraba que las fake news se propagan más rápidamente y llegan a más gente que la verdad en todas las categorías de información. “El miedo constituye un caldo de cultivo inmejorable en la hora de captar nuestra atención, en contextos de saturación informativa y todo”, según Lalueza.

Tendemos a divulgar contenidos que conectan con nuestros miedos con más intensidad, y a pesar de la buena intención, nos convertimos en difusores de desinformación. En esta línea, el estudio de Science afirma que, si las noticias falsas se aprovechan de emociones como el miedo, el asco o la sorpresa, tienen más probabilidades de ser compartidas.

 

El peligro de las fake news sanitarias

La desinformación en el ámbito sanitario resulta mucho más peligrosa que en otros ámbitos porque juega con la salud, la seguridad y el bienestar de las personas. Según un estudio publicado a Elsevier el 2018, que analizaba diferentes noticias sanitarias escritas en redes sociales, el 40% de estas informaciones contenían errores o eran falsas, y se compartieron 451.272 veces durante 5 años.

“Con las fake news sanitarias se corre el peligro de agravar una dolencia o provocar la muerte de una persona», afirma Carles Pont, autor del libro Comunicar las emergencias. Actoras, protocolos y nuevas tecnologías. Hoy la crisis se llama coronavirus, pero ya lo vimos los primeros años del SIDA, con la gripe aviaria el 2009, el virus del Ébola el 2014 o con el del Zika el 2015.

El hecho que la salud afecte todos los colectivos y los individuos genera que la sensación de miedo e inseguridad se expanda de manera más rápida

“Nos encontramos ante una crisis mundial sobre un tema complejo en que la mayor parte de la población no es experta, en un tema que afecta la salud y al cual se suma la distancia geográfica, todo esto conduce al miedo y la desconfianza ante la información oficial”, explica López-Borrull.

Personas con mascarillas por el coronavirus

Comunicar bien salva vidas

“La comunicación de crisis salva vidas, pero el problema es que con el coronavirus no se ha hecho bien”, afirma Pont. “Se ha comunicado mal por dos motivos; se ha hecho tarde y de manera errática, se ha dado información contradictoria en varios momentos y no se ha evidenciado cuáles son los mecanismos de prevención de la dolencia”, detalla Pont, que añade que “si hoy tenemos una comprensión real es gracias a la entrada de la OMS en este caso”.

Para el experto en comunicación de crisis, el tiempo no juega a favor para la ciencia, pero sí para el alarmismo colectivo: a medida que pasan los días, los ciudadanos son más conscientes del riesgo que representa una situación de este tipo, pero esto no afecta directamente el conocimiento que las autoridades o los científicos puedan tener del riesgo real.

 

El papel de las redes sociales

Gran parte de las mentiras se mueven por redes sociales, los algoritmos y la guerra del clickbait comportan un reto ético para estas plataformas. Según Axios, del 24 al 27 de enero se dieron más de 13.000 entradas en redes como Twitter, Facebook y Reddit con desinformaciones sobre el coronavirus. Aunque Facebook trabaja con siete organizaciones para controlar y revisar la credibilidad de noticias, no parece suficiente.

La verificación es un paso necesario, pero el impacto se focaliza sobre todo en los usuarios más precavidos, mientras que es muy menor en los usuarios más crédulos y vulnerables

Muchos de los contenidos falsos se mueven en grupos privados, donde “la opacidad de contenidos no facilita la tarea de rastreo o eliminación de rumores, pero llegan a un gran número de personas y tienen un alto impacto social”, advierte Lalueza. Para López-Borull es importante que los científicos y los expertos den un paso y tengan presencia en las redes, creando hilos de contexto, dando su opinión y ayudante a desmentir rumores.