Para que la vuelta al cole no sea un caos psicológico

Tratar de prevenir el contagio es lógico, pero desde el punto de vista psicológico, físico, social y económico es imprescindible una vuelta a los centros educativos lo más normalizada posible, por la salud de todos.

Para que la vuelta al cole no sea un caos psicológico
Para que la vuelta al cole no sea un caos psicológico

Jesús Jiménez Cascallana y María Ibáñez Goicoechea

Este año el inicio del curso escolar tiene un nivel de incertidumbre y riesgo psicológico sin precedentes. Y es así porque no es posible evitar el contacto entre niños, pues perjudicaría su equilibrio mental. Tampoco es posible realizar un proceso educativo desde casa todo el curso, algo muy perjudicial para el desarrollo de los niños y adolescentes, e imposible de llevar a cabo para muchos padres.

Por otro lado, la falta de directrices claras por parte de las instituciones a los centros educativos, hace que padres y profesionales docentes se sientan vulnerables y estresados, y muchos de ellos con ansiedad, irritabilidad, y síntomas depresivos.

No es posible evitar el contacto entre niños, pues perjudicaría su equilibrio mental

Un ejemplo que ilustra lo que está pasando: Una madre separada que tiene dos hijos en edad escolar, trabaja hasta las cuatro de la tarde en un comercio y ayuda a sus padres que son mayores. A día de hoy, no sabe cuántos días irán sus hijos al colegio, ni en qué horarios, ni si se podrán quedar a comer allí. Esto supone que no sabe cómo se ocupará de ellos si no van al colegio. Y si van, tiene miedo de que se contagien y que puedan contagiar a los abuelos. El alarmismo que se está transmitiendo en los medios, le hace temer un nuevo confinamiento y que esto suponga perder definitivamente su única fuente de ingresos. Hay numerosas situaciones difíciles como ésta respecto a la vuelta a las aulas que están afectando a la salud física y psicológica.

 

La salud psicológica influye en la física

El sistema inmunológico, que es el que nos protege de patógenos como el virus, se debilita con el estrés y el miedo. Tratar de prevenir el contagio es lógico, pero desde el punto de vista psicológico, físico, social y económico es imprescindible una vuelta a los centros educativos lo más normalizada posible, por la salud de todos. Las circunstancias actuales no predicen una mortalidad como la que hemos pasado en meses anteriores, y los riesgos actuales no justifican la hecatombe que se va a producir si no se normaliza la situación. El estrés psicológico se ha implantado en la sociedad y hay que frenarlo.

 

¿Qué se puede hacer?

Hay que buscar estrategias para frenar la propagación de los virus, pero que estas estrategias no sentencien a muerte a la sociedad. La mascarilla, la distancia de seguridad, los grupos burbuja… son algo contranatura en los niños, y afectan a su salud mental, no pueden ser una solución a largo plazo.

La mascarilla, la distancia de seguridad, los grupos burbuja… son algo contranatura en los niños, y afectan a su salud mental, no pueden ser una solución a largo plazo.

Las instituciones deberían actuar teniendo en cuenta la realidad la sanitaria, pero también la social, la psicológica y la económica. Las circunstancias actuales no justifican un nuevo confinamiento, y no se debería estar alarmando a la población constantemente, seleccionando la información para que el miedo haga que se cumplan las medidas de seguridad. Las medidas de seguridad deben cumplirse por responsabilidad, no por miedo. Son nefastas las campañas que inciden en el miedo, como la que sugiere que “puedes regalar la muerte a un ser querido por celebrar su cumpleaños”. El miedo no es la forma de concienciar, incluso tanto miedo hace que muchas personas decidan saltarse las medidas de seguridad para salir de la presión psicológica.

Los padres y profesores, y todos los ciudadanos, además de abogar por normalizar la situación lo más posible, pueden aprender a resolver sus temores, por su bien y el de todos. Aprender a resolver el miedo redundará en su bienestar y mayor capacidad para afrontar las difíciles situaciones que estamos viviendo. Las circunstancias están produciendo estrés, preocupación, angustia, ansiedad, irritación contra otros en lugar de ir unidos…, y la verdadera causa de todo ello es el miedo.

 

¿Cómo se resuelve el miedo?

Estamos hablando del miedo a la enfermedad, al rechazo y la soledad, al futuro económico, a la muerte... Son los miedos más profundos que cualquier ser humano puede tener, pero se puede aprender a resolverlos. Sin embargo, igual que no es suficiente con una breve explicación para aprender a nadar, aprender a resolver el miedo requiera algo más que unos consejos. Es un proceso de aprendizaje.

Es necesario comprender también que, a pesar de lo que se divulga en estos tiempos, el miedo no es ni bueno ni necesario, ni siquiera en pequeñas dosis. Percibir el peligro es necesario, permite dar una respuesta adecuada a él. El miedo, en cambio, puede obstaculizar o impedir dar una respuesta serena y acertada. Imaginen un cirujano que tenga miedo a operar, aunque sea un poco, ese miedo evidentemente entorpecerá su trabajo.

Veamos algunas pautas para resolver el miedo:

  • Lo primero es hacerse consciente de que se tiene miedo, en el momento en que se está teniendo miedo. 
  • El siguiente paso es prestar atención al miedo en el cuerpo. El miedo, como cualquier otra emoción se siente en el cuerpo. Hay que localizar en que partes del cuerpo se están sintiendo las sensaciones de miedo y prestarles atención.
  • Este prestar atención incluye no tratar de que se pase el miedo ni pretender hacer nada con él. Ni gestionarlo, ni aceptarlo, ni rechazarlo, ni desear que se vaya, ni relajarse… Es decir, no intervenir cognitivamente. Sólo prestar atención, explorarlo y perder el miedo a las sensaciones de miedo. Esto puede requerir un aprendizaje paulatino, varios ensayos y exploraciones.
  • El hábito mental empuja a escapar del malestar, luego también hay que prestar atención al pensamiento para evitar que intervenga en esta fase.
  • Una vez que ha perdido intensidad el miedo al miedo, se puede prestar atención a los pensamientos alarmistas intrusivos. Y volver a prestar atención a las sensaciones que esos pensamientos provocan en el cuerpo. Sin luchar con el pensamiento. Cuando se hace de esta manera, esos pensamientos van perdiendo fuerza y van dejando de aparecer.
  • Después, hay que hacer una reflexión sobre las ideas y experiencias que se han tenido con la enfermedad, el sufrimiento y la muerte. Pues de las ideas o conceptos erróneos que uno tenga surgen los pensamientos automáticos y las emociones negativas, y es de ahí de dónde surge el sufrimiento.

Este es sólo un esquema breve de lo que hay que hacer para aprender a resolver el miedo, el sufrimiento. No excluye en absoluto buscar soluciones a las diferentes situaciones, pero con el menor miedo posible. Es un proceso de aprendizaje que requiere dedicarle un tiempo, pero es lo mejor que se puede hacer para dejar de sufrir, incluso en circunstancias difíciles como las que estamos viviendo. El sufrimiento no ayuda a solucionar los problemas.

 

María Ibáñez es psicoterapeuta y Jesús Jiménez es psicólogo clínico y educativo. Son comunicadores especialistas en psicología aplicada, escritores y conferenciantes.

Web:  introspeccion.com

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