El aloe es una planta grasa ornamental cuyas hojas contienen un gel transparente altamente hidratante, capaz de calmar rápidamente la irritación de la piel, favorecer su cicatrización y retrasar el envejecimiento celular. 

A pesar de que en la actualidad existen unas 300 variedades reconocidas de aloe vera, tan sólo tres o cuatro poseen propiedades terapéuticas. Entre éstas destaca el Aloe barbadensis Miller, cuyo gel extraído de la pulpa de las hojas es ampliamente utilizado en el sector de la medicina y la cosmética. Cada vez son más los productos que, entre sus ingredientes, incorporan esta sustancia rica en vitaminas y capaz de tratar numerosos problemas cutáneos.

El aloe vera presenta un elevado contenido en agua y nutrientes, entre los que se encuentran vitaminas (B1, B2, B3, B6, C y E) , minerales (como el calcio, el hierro, el magnesio o el potasio), aminoácidos (lisina, leucina, mationina, serina, etc.), enzimas y azúcares. Asimismo, su textura y composición permiten que penetre fácil y rápidamente en la piel. Por todo ello, esta sustancia es una de las más empleadas en la elaboración de cremas hidratantes, regeneradoras, nutritivas y cicatrizantes, ya que para sentir su efecto tan solo hay que ponerla en contacto directo con el cuerpo.

Esta planta tiene la propiedad de combatir de manera inmediata la deshidratación de la piel y participa en la regeneración celular, lo que contribuye a frenar el envejecimiento y deterioro cutáneos. Además, ayuda a activar la circulación y permite curar cicatrices, quemaduras, ampollas, aftas, edemas, picaduras de insectos y úlceras. También ofrece protección solar, ayuda a combatir alergias, alivia los dolores musculares y casos de artritis y contribuye a eliminar la dermatitis, los herpes y los hongos.