El ser humano la mayoría de veces que puede elegir escoge hacer el menor esfuerzo posible por inteligencia y acomodo, pero si siguiera su instinto tendría que estar en movimiento continuo ya que aún quedan remanencias de cuando los ancestros de la especie humana actual tenían ser muy activos para escapar de los peligros y para cazar. Por eso es curioso que a medida que los humanos hemos evolucionado mentalmente, hemos involucionado físicamente a la vez.

Es por eso que el sedentarismo es una gran discordancia evolutiva, tal como explica Robert Sánchez en el libro “Camina, salta, baila”. Hemos sido programados durante decenas de milenios para interactuar, relacionarnos con el medio ambiente y movernos de una manera muy concreta. Nuestros problemas físicos aparecen en gran medida cuando nuestra conducta no concuerda con este programa evolutivo.

Al igual que no podríamos sobrevivir estando todo el tiempo cabeza abajo porque la evolución nos ha diseñado para estar de pie, es más que evidente que tampoco estamos concebidos para pasar la mayor parte del día quietos, ya sea sentados o de pie. A pesar de nuestros intentos de parchear la lacra sedentaria a base de algún tipo de ejercicio esporádico como fitness o otros deportes, no es suficiente para dejar de ser sedentario.

Por tanto, cómo, cuánto y cada cuánto nos movemos hoy en día tiene muy poco que ver con la actividad física prevalente durante la mayor parte de nuestra historia biológica. Y ahora estamos pagando un alto precio con un sinfín de enfermedades derivadas de este estilo de vida como diabetes, enfermedades del corazón, sobrepeso u obesidad, entre muchas otras.

 

¿Cómo nos movíamos en el Paleolítico?

Si quieres respetar tu diseño evolutivo, tendrás que conocer los principios que lo moldearon y programaron de origen. Para empezar, lo más importante es conocer el entorno en el que se movían hace cien mil años, en bosques de grandes árboles, terrenos irregulares y ríos caudalosos que cruzar. Todos estos factores externos fueron determinantes para saber cómo nos movíamos. Además, para sobrevivir había que cazar animales y recolectar fruta en un radio de distancia considerable. Por tanto, el hecho de cazar y transportar comida, moverse en ese entorno arduo, huir de los peligros y relacionarse con otros, sobre todo a través del sexo, compusieron nuestro cuerpo.

A través de los miles de años fuimos evolucionando poco a poco des del perfil de cazador-recolector en el paleolítico al de agricultor-ganadero en el neolítico. Posteriormente, a partir de la Edad Media , y en su máximo apogeo en la revolución industrial, pasamos a ser peones. Y en la actualidad hemos pasado del peón al oficinista. Vemos que gradualmente ha ido reduciendo nuestra actividad física no solo en el trabajo, sino en la manera de conseguir comida y vivir.

El movimiento era frecuente y variado en el Paleolítico

Frecuencia y diversidad

La solución para dejar de ser sedentarios es hacer ejercicio. Pero, ¿de que manera y haciendo qué ejercicios? Hacer pilates, levantar pesas en el gimnasio o salir a correr por el parque dos o tres días a la semana es saludables, pero estos ejercicios esporádicos no son suficientes. Si algo hemos aprendido de nuestros ancestros es que hacían movimientos frecuentes y diversos. Lo más importante no es tanto que ejercicios hacemos como fijarnos en nuestra movilidad completa. Por eso debes diversificar tus movimientos que hagas de manera frecuente como andar más, variar de deportes o de ejercicios. Por poner un ejemplo práctico, es mejor hacer un día natación, otro running y otro bailar, que no hacer una misma cosa muchas veces.

 

Sedentarismo absoluto a sedentarismo activo

La actividad física de la vida cotidiana de una persona sedentaria es prácticamente nula. A las siete u ocho horas que pasa cada noche tumbada en la cama, hay que añadirle diez o más sentada en una silla, ya sea trabajando o mirando la televisión. La persona sedentaria acumula muy poco tiempo de actividad física para desplazarse. Los que lleven este estilo de vida son sedentarios absolutos.

En cambio, las personas que hacen ejercicio dos, tres o cuatro días a la semana, pero al mismo tiempo sigue llevando una vida primordialmente sedentaria, se le conoce como sedentario activo. Para visualizarlo, un sedentario activo se mueve tres horas a la semana, lo que equivale a unas 156 horas al año del total de 8.760, que es un 1,78% del tiempo.

Sedentario absoluto