El 6 de diciembre de 2018 se aprobó en España la Ley Orgánica 3/2018 de Protección de Datos Personales y garantía de los derechos digitales, un paso adelante en la concienciación de que cada vez es más imperativa una desconexión digital de nuestro trabajo, a la hora de respetar las horas de descanso de parte de las empresas e instituciones de nuestro país.

En efecto, gracias a esta nueva ley, los empleados están exentos de tener que conectarse al coreo electrónico, al móvil o a cualquier otro dispositivo digital en los periodos de vacaciones o tras finalizar la jornada laboral diaria. Se trata de una medida implantada para ayudar a reducir los niveles de estrés, ansiedad y agotamiento laboral que cada vez cobran más protagonismo en el mundo laboral actual.

Los efectos nocivos de las nuevas tecnologías

Esto es debido principalmente a la hiperconectividad digital en la que vivimos: por una parte, la posibilidad de estar en conexión constante sin necesidad de nuestra presencia física en un lugar determinado ha dado pie a que los horarios, la forma de trabajar y de entender en mundo laboral se diversifique (teletrabajo, emprendedores que desarrollan su actividad en Internet, jornadas de trabajo más flexibles, etc.).

Sin embargo, también ha propiciado un entorno en el cual es muy difícil establecer la barrera entre lo que es trabajo, y lo que es vida privada. Así, a muchos les resulta todavía muy difícil no consultar el correo electrónico, responder a llamadas telefónicas o atender a cualquier otra tarea relacionada con el trabajo fuera del horario de oficina, algo que puede incrementar los niveles de estrés e incluso acabar desembocando en el síndrome del trabajador quemado, el conocido 'burnout'.

La importancia de desconectar

Por otro lado, la imposibilidad de desconectar del trabajo puede acarrear también problemas familiares derivados de la falta de atención al área personal, algo que, a su vez, puede acabar repercutiendo en nuestro ámbito profesional. Para evitar caer en estos hábitos poco saludables, es imprescindible aprender a gestionar el tiempo y saber programar todas aquellas actividades que no hayamos podido acabar durante nuestra jornada laboral para el día siguiente.

Si se trata de algo muy (MUY) urgente, deberíamos intentar gestionarlo en ese momento y lo más rápido posible. Una vez hayamos abandonado nuestro ‘puesto de trabajo’, debemos centrarnos en nuestras actividades personales (hacer ejercicio, salir con amigos, estar con nuestra familia, etc.) sin sentirnos culpables, ya que las horas que dediquemos a nuestra desconexión tendrán una repercusión más que positiva no sólo en nuestro bienestar, sino también en nuestro rendimiento al día siguiente.