La natación para bebés o matronatación tiene poco que ver con las clases para aprender a nadar que pueden seguir los niños a partir de los cuatro años. En la matronación no se trata de que el bebé aprenda a nadar sino de que se familiarice con el medio acuático y comparta un momento de juego y complicidad con sus padres.

De hecho, no sólo el bebé sigue la clase en la piscina sino que también lo hace su padre o su madre que lo acompaña en el agua en todo momento y lo ayuda a desplazarse siguiendo las indicaciones del monitor. Normalmente los cursos suelen durar entre media hora y cuarenta y cinco minutos y suponen un momento de disfrute para padres e hijos que refuerzan sus vínculos al compartir un momento de distensión.

Es aconsejable que los cursos no empiecen antes de que el bebé haya cumplido cuatro meses pues es entonces cuando su sistema inmunológico estará ya maduro y ello evitará riesgos de infecciones en el agua. Una vez en la piscina, los beneficios para el pequeño son múltiples: favorece el desarrollo psicomotor del bebé ya que en el agua es capaz de desplazarse con mayor facilidad que en el suelo, estimula su capacidad de juego y de aprendizaje, le habitúa a socializar puesto que en los cursos participan diversos niños con sus padres o madres y además es una actividad que le resulta no sólo estimulante sino también relajante.

La matronatación debe estar siempre guiada por un monitor, realizarse en piscinas adaptadas para ello y en ningún momento significa que el bebé vaya a poder estar en el agua sin estar acompañado por un adulto.