Cuando se trata de dormir, la mayoría de personas prefiere hacerlo en una habitación a oscuras. Y es que el cuerpo está entrenado a estas condiciones y se relaja más rápido cuando está en la oscuridad, ya que la falta de luz propicia el sueño.

Entonces, por contraposición, ¿cuál es la mejor forma de despertarse? Sí, se necesita luz. Para no tener que lidiar con el molesto despertador, se recomienda exponerse a la luz, preferiblemente a la natural, con el fin de no sentir el deseo de volver a la cama.

Por la mañana, empezar el día con la luz del sol es beneficioso por dos razones. En primer lugar, nuestro cuerpo está en sintonía con la naturaleza y despertarse cuando sale el sol es un hábito biológico. Durante siglos, antes de la invención de la electricidad, nuestros antepasados se despertaban así. Sin embargo, si consideramos que es demasiado pronto levantarse al alba, se recomienda igualmente exponerse a la luz del sol en los primeros minutos de la jornada, ya que se activa una señal natural en nuestro cerebro de que toca ponerse en marcha.

En segundo lugar, el cuerpo responde a la oscuridad produciendo melatonina, la hormona del sueño. La luz detiene este proceso, con lo que el despertar es mucho más fácil. Si nos despertamos en una habitación oscura, lograremos el mismo efecto que si tratamos de no dormir habiendo tomado una pastilla para hacerlo. Por ello, es recomendable exponerse a la luz del sol en cuanto suene la alarma e incluir este gesto en nuestra rutina matinal. Las ventanas abiertas y el aire fresco también aceleran el proceso del despertar.