Los radicales libres son átomos o moléculas que tienen un electrón desparejado y por tanto muy inestable. Ese electrón buscará 'robar' a otra molécula uno de sus electrones para estabilizarse y al hacerlo dará lugar a un nuevo radical libre y así sucesivamente. Aunque los radicales libres son necesarios, nuestro propio cuerpo los crea para combatir a virus y bacterias- y nuestro cuerpo puede neutralizarlos gracias a los antioxidantes, cuando se producen en gran cantidad afectan a nuestro organismo, acelerando el envejecimiento y propiciando el desarrollo de determinadas enfermedades.

El exceso de radicales libres suele estar producido por el efecto de agentes externos como la polución, el tabaquismo, los aditivos químicos de los alimentos procesados o los pesticidas. Para combatirlo es por tanto necesario prestar atención a nuestros hábitos de vida y a nuestra alimentación.

La vitamina A, presente, entre otros, en la zanahoria, las espinacas, el melocotón, la calabaza o el melón; la vitamina E, que se encuentra, entre otras muchas frutas y verduras, en el aguacate, los espárragos, el brócoli o las moras; y la vitamina C, presente, entre otros, en el pimiento, el limón, las naranjas, los tomates o la coliflor, son otros tantos antioxidantes naturales. Por ello, incorporar a nuestra dieta diaria frutas y verduras es una excelente forma de combatir la acción de los radicales libres.