Después de un tiempo tras sufrir la muerte de un ser querido, perder el trabajo, pasar por problemas económicos severos o recuperarse de una adicción o enfermedad grave, el paso siguiente es volver a la normalidad y disfrutar de una actitud correcta y un buen estado anímico, lo que puede traducirse en una sola palabra: resiliencia.

Sobreponerse a las adversidades y a los períodos emocionalmente devastadores y salir de ellos fortalecido es lo que consiguen las personas más resilientes. No obstante, también es una capacidad que se puede trabajar mediante el compromiso, la valoración de uno mismo, la superación, la creatividad o la superación.

En ningún caso es sinónimo de apatía o de no sentir malestar o emociones, sino que la resiliencia es aprender a absorber el impacto de las situaciones críticas y lograr salir con más fuerza de ellas.